martes, julio 30, 2013

All of him

Que pasa cuando abrís el diario, para anoticiarte de la realidát, y esta te avisa que una persona, a quien no conociste personalmente, pero cuya obra si te impactó hubo de partir a una nube. Así nomás, sin pompa ni circunstancia. A sus joviales 82 años.

Uno podría pensar que es “normal”, pero cuando el sujeto en cuestión, fue un artífice del jazz, remó contra la corriente y se encargó de difundirlo por todo el país, conservando ya no el estilo, porque eso a determinada edad queda impregnado.
Sino que se dedica a enseñar y contagia pasión por doquier, nos dice que quien se fue, es un ser irreemplazable.
Algo así sucedió ayer, lunes 29 de julio, cuando dejó una de sus tantas guitarras eléctricas, el bastión violero, Don Walter Malosetti.
La pausa, fue anunciada por su hijo Javier, otro hombre música. Que se entiende, en parte por su carga genética.

Walter había nacido en Córdoba, un 3 de junio de 1931. Su padre y el hermano mayor eran músicos. La radio fue esencial, porque a través de ella, conoció a Satchmo, Django Reinhardt y otras orquestas de Jazz . En los 50’ formó parte de la Guardia Vieja Jazz Band, The Georgians Jazz Band y otras. Mas tarde integraría el trío Crazy Fingers y los grupos Blue Strings y Swing Timers. En 1958 obtuvo se recibe de Profesor Superior de Guitarra.
Trabajó junto a Oscar Alemán, Hernán Oliva, Roberto "Fats" Fernández, Héctor y Rubén "Baby" López Furst, o el "Negro" González, entre otros.

En 1961 funda la Escuela Superior de Guitarra y Jazz, siendo esta la primera en su especie y contando entre sus profesores y alumnos cantidad de destacados músicos argentinos. En 1972 funda un grupo al estilo Hot Club de France, el inolvidable SWING 39, junto al contrabajista Héctor Basso, el clarinetista Carlos Acosta, y los guitarristas Ricardo Pellicán (sobrino de Walter) y Marcelo Buscio.

También grabó junto al gran Oscar Alemán, David Lebón, Luis Alberto Spinetta.
En 1990 hizo los arreglos para el disco La Mosca y la Sopa de Patricio Rey y sus Redondos.

Walter fue un todo terreno, y algo de eso se ve en Vida con swing, impecable film donde se narra la gesta épica de Oscar Alemán. Allí uno de los músicos comentarias es Walter, quien cuenta como iba a verlo a Oscarzinho, para ver como hacía los milagros de digitación, el escurridizo y rítmico moreno.

Toda su vida enraizada con la música, y eso se ve en el arte de su disco de 2012, Esencia.

Gracias por tanta vida en seis cuerdas.
Por haber contagiado a mucha gente a encontrarse con la guitarra, tal como el buen Ale Simonovich, quien iba a verlo cuando tocaba en Bahía Blanca, y hace mucho se convirtió en un genial guitarrista.
Infinidad de semillas que esparciste por doquier. Algunos habrán devenido buenos violeros, y los que no, con seguridad son amantes de la (güena) música. Que no es poco.

Por todo eso (y por mucho mas), descanza en jazz!



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