jueves, julio 15, 2010

Necromanía en Soltando Pájaros

El sábado 17 de julio, Atilio Bleta y Rodolfo González Lebrero conversarán con Claudio Negrete sobre su libro Necromanía. Historia de una pasión argentina editado por Sudamericana.

"Soltando Pájaros" es conducido por Atilio Bleta y se emite por la FM Palermo (94.7 del dial) todos los sábados entre las 9 y las 10 de la mañana.

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Compartimos entrevista de Osvaldo Aguirre a Negrete,  publicada el pasado 4 de julio en el diario La Capital, e invitamos a sintonizar esta clase de historia, amena, a la vez que apasionante. No en vano, este es el octavo año de Soltando Pájaros.

La palabra es necromanía. El periodista Claudio Negrete acudió a ella para ponerle título a su libro, una exhaustiva investigación que describe y pone en foco, como característica de los argentinos, "una manía no reconocida de abusar de la muerte —con todo lo que ello implica— y sus excluyentes protagonistas, los muertos". Los decesos de artistas populares como Sandro o Mercede Sosa, o de políticos, como Raúl Alfonsín, y la explotación mediática de esos episodios pueden hacer creer que el fenómeno es reciente; en realidad, como demuestra el ensayo, sus antecedentes remiten a los orígenes de la historia nacional y aún a los tiempos de la Colonia.

Necromanía. Historia de una pasión argentina presenta "una sección del ADN cultural de los argentinos" que asocia profanaciones de cadáveres, funerales mediáticos, cultos de muertos, disputas políticas y prácticas criminales. De la Revolución de Mayo a Malvinas, de Felipe Vallese a Jorge Julio López, de Gardel a Rodrigo y de Carlos Menem Junior a Nora Dalmasso, la danza macabra de los cadáveres y las masacres argentinas desfila por el libro, en la perspectiva, dice el autor en esta entrevista, "de que nos podamos reconocer y explicar cómo somos y por qué hacemos lo que hacemos con los muertos".

—La aparición de su libro coincide con los diez años de la muerte de Rodrigo. Pero con la muerte siempre hay una efeméride a mano, ¿no?

—Los diez años de Rodrigo, los 75 de Gardel... La semana pasada, con el primer aniversario de la muerte de Michael Jackson, Clarín publicó en la tapa: "¿Descansa en paz?" La muerte vende bien en los medios.

—¿La necromanía es un problema específico de los argentinos?

—Es un comportamiento común, una característica cultural. Si hacemos memoria, podemos encontrar con facilidad un caso de abuso en nuestra relación con la muerte y con los muertos. El libro reúne una serie de evidencias en distintos tiempos para plantear una especie de pauta cultural que se repite en el tiempo y en distintos sectores sociales, más allá de las ideologías. El vínculo conflictivo con la muerte es un tema común a la especie humana, pero los argentinos siempre nos pasamos de la raya. Murió Rodrigo y a las pocas horas había un altar en el lugar donde se mató y la gente cree que es santo. La manipulación no es sólo negativa, también está la adoración por los muertos y el culto de santos populares e ídolos a los que se atribuye poderes curativos.

—La prensa tiene un rol particular en este fenómeno, según su relato en el libro.

—Por un lado la prensa pone en la cosa pública una tendencia social. En los últimos quince, veinte años, la televisión la ha potenciado. En los años 80 era difícil encontrar funerales mediáticos; tenía que ser un ídolo muy grande, y de hecho ha pasado, los funerales de Gardel, Evita, Bonavena, fueron multitudinarios. Pero en los últimos tiempos, con la televisión, la muerte se ha transformado en un buen negocio: trae rating y la gente se ve reflejada. Ocurren fallecimientos como el de Mercedes Sosa, o el de Sandro, o el de Alfonsín, y los medios se transforman en catalizadores de la necromanía social, potencian esa característica dándole transmisiones las 24 horas, poniendo crespones negros en las pantallas, tratando de tener los más mínimos detalles del muerto. Cuando Sandro estaba internado, por recibir un trasplante, la televisión ya estaba pasando documentales de su vida, como preparando el terreno para la muerte.

—¿Crónica TV y la prensa sensacionalista marcan el modelo para los demás medios?

—En el caso de Crónica es una cultura muy instalada desde el diario. Como diario popular, Crónica siempre le dio espacio al hecho truculento de la muerte. También lo llevó a la pantalla y eso generó una gran identificación con su público. Otros medios vieron que ahí había una veta de atracción del televidente, incluso del lector, y fueron incorporando el tema mortuorio como parte importante a explotar en su programación. No sé si imitan a Crónica, pero Crónica es un producto legítimo en eso y en definitiva el sistema termina haciendo lo mismo. Hoy, cuando alguien notable está enfermo y a punto de morir, ya están pensando en cómo aprovechar el dolor por el muerto querido que ya no está, y trabajan desde la producción en ese concepto.

—Usted trabajó en Crónica TV. ¿Había instrucciones específicas para tratar el tema de la muerte o ya estaba naturalizado?

—No, era algo natural. Lo que pasa es que hoy, además de los accidentes y los hechos policiales, Crónica hace informes especiales de las muertes trágicas de los famosos. Y le da muy buen rating, por eso los repite, hace como un documental de la muerte de Evita o muestra el suicidio frente a la cámara del Malevo Ferreyra. Los muertos son un tema de importantísima atención pública, y los medios lo explotan a fondo. Está comprobado que la muerte levanta la audiencia y las ventas.

—En el libro también se ocupa de la manipulación política de los muertos.

—Sí, hay todo un capítulo dedicado a los cadáveres políticos: Perón, lo que pasó con el cuerpo de Evita hasta hoy, el traslado de Cámpora desde México, lo que pasó en los 70 con el altar de la patria de López Rega. La muerte de Alfonsín, a su vez, vuelve a recomponer la necromanía política desde el radicalismo. Me da la impresión que el radicalismo logra revivir y aparecer hoy con alguna presencia importante porque logra, con la muerte de Alfonsín, instalar el prócer que le faltaba. El prócer muerto del radicalismo era Yrigoyen, pero les quedó muy lejano; ahora tiene un ex presidente y encima su muerte instala un prócer, y eso le da una entidad espiritual importante al grupo político. Más allá de los ritos del sepelio de Alfonsín, cuando lo llevaban a la Recoleta el hecho popular mediático que disparó su muerte sirvió para terminar de instalar candidatos y cerrar listas. De hecho, Margarita Stolbizer dijo que le daba bronca cómo hacían política con la muerte de Alfonsín. También hay un capítulo exclusivo para San Martín. En 1880, cuando trajeron sus restos a la Argentina, ya hubo peleas políticas. Entonces lo instalan como el gran prócer argentino y desde ese punto de vista hay una manipulación del muerto. Ahora está el proyecto de llevar a San Martín a Yapeyú. Aquí se mezcla la necromanía, la idea de usar a los muertos ilustres con proyectos que terminan siendo turísticos: los padres de San Martín ya están en Yapeyu, hay una movida importante para llevar a San Martín, en lo que llaman el Proyecto Yapeyú. Necesitan al muerto para armar un gran centro cultural y turístico. Un proyecto que tiene un único protagonista: los restos de San Martín., que no descansa en paz.

—¿La palabra morbo sirve para explicar algo?

—No reconocemos límites. El peronismo reivindica la figura de Perón y el hombre tiene las manos cortadas y el brazo derecho y el fémur despedazado por los exámenes que le hicieron para saber si Marta Holgado era su hija. Esos restos iban por la ciudad a San Vicente (en 2006) despedazándose más. Perón era homenajeado y al mismo tiempo lo iban destrozando. No hubo ni hay ni una sola reclamación pública para que se siga investigando el robo de las manos. Sin embargo sobre el cadáver de Perón se sigue haciendo politica y se siguen haciendo homenajes que sólo sirven a los dirigentes que están vivos. No está mal que se haga un homenaje, por supuesto, pero el homenaje que se hace a Perón es con tiros, botellazos y trompadas.

—¿Cómo analiza el culto de los muertos?

—El hecho de que la muerte sea trágica suele transformar a los muertos en santos milagrosos. Gilda fue una cantante exitosa pero cuando muere pasa a tener otra categoría, y la vuelven a revivir todo el tiempo. En cada aniversario de su muerte la gente peregrina hacia el lugar donde falleció. La cultura se recicla sobre la muerte. Lo mismo pasa con Rodrigo: cuando se mató la televisión mostraba en cadena nacional el cadáver en la ruta; esa manipulación del cadáver denigra al ídolo. La noticia está y hay que darla, pero no se trata de aprovechar la circunstancia y exacerbar el morbo. Cuando Sandro murió hubo ofertas de fotografías de la operación y de filmaciones de celular que mostraban su corazón latiendo en una bandeja. La mamá de los Pomar va dos o tres veces por semana al lugar donde encontraron muerta a la familia, donde puso un altar. ¿Por qué tiene que ir a rezar a ese lugar y no a un cementerio o en su casa?

—¿Cuál es su respuesta a estos hechos?

—La idea que me propuse fue describir un comportamiento cultural y plantearlo hacia afuera para que nos podamos reconocer y llegar a corregirlo, a darnos cuenta. No tengo una verdad cerrada, en el libro hago una interpretación y hablo con psicólogos, psiquiatras y religiosos tratando de que me ayuden a pensar sobre nuestro comportamiento con los muertos. En países desarrollados los hechos de manipulación de la muerte son aislados y hay condena moral de la sociedad. En nuestro caso nos pasamos de la raya en el sentido de que se manipula a los muertos y sus memorias, con fines propios de los vivos, y nunca hay sanción.

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