sábado, junio 27, 2009

El Negro Eduardo Lagos

Se nos fué un gran pianista argentino. Un descubridor de talentos. Un tipo que supo atender pacientes, y ver afecciones varias. Quizá por eso el oftalmólogo pianista siempre daba en la tecla. Cultor del Cuchi, admirador de Waldo de los Ríos, de Astor Pantaleón y reconocedor de jóvenes talentos, como el Marcelo Perea.
Hasta la próxima función Negro. Honor y teclas pa' vos!



Comparto nota publicada en La Nación el 27.10.2006

Mauro Apicella

"Cuando el «Negro» toca, chorrea la empanada." La frase, que provoca algunas risas y gestos de aprobación, es del músico Oscar Alem y se escucha en medio de una charla entre colegas. Se podría decir que es la introducción al homenaje que casi una decena de músicos le hará al compositor, arreglador e intérprete Eduardo Lagos, el "Negro", el próximo martes, en el Teatro Presidente Alvear, como una de las actividades especiales que tendrá la séptima edición del encuentro folklórico Músicas de Provincia.

Hoy, a las 20, en el Parque Roca, el festival (ver imperdibles), que se realizará hasta el domingo 5 de noviembre en distintas sedes de la ciudad, quedará oficialmente inaugurado con el recital de Mercedes Sosa y una larga lista de invitados: León Gieco, María Graña, Víctor Heredia, Teresa Parodi, Fabiana Cantilo y muchos más. Lo del martes, en cambio, será una manera de rendirle tributo a quien, allá por la década del cincuenta, comenzó a buscar nuevos caminos a partir de la música de raíz, sendero que tiempo después se denominó "proyección folklórica".

Composiciones como "La oncena", "La bacha", "La banquina" y sus versiones de piezas tradicionales, o el disco Así nos gusta que tuvo el placer de grabar con músicos de primera línea (desde Domingo Cura y Hugo Díaz, hasta Astor Piazzolla) son algunos ejemplos de la producción musical de Lagos que quedó reflejada en unos pocos álbumes.

Es que este porteño que ahora tiene 77 años alternó la música con la profesión de oftalmólogo. Además, hay que reconocerlo, nunca fueron muchas las posibilidades de grabar para quienes no componen ni tocan según el gusto del público masivo. Pero el tiempo demostró que la huella marcada por él o por otros innovadores, como Waldo de los Ríos, sigue visible (o audible).

Lagos llegó a desarrollar nuevos aspectos en el campo armónico que se utilizan actualmente; propició la apertura a la improvisación sin dejar de lado las formas ni perder la esencia ni el sabor de las músicas folklóricas. De ahí la frase: "Cuando el «Negro» toca, chorrea la empanada".

Manolo Juárez y Oscar Alem son dos de los pianistas que le rendirán tributo. Por eso, los tres reunidos en la casa del "Negro" (como lo llaman los amigos) traen recuerdos y hablan de Lagos como en una charla de camarín, antes de subir a escena.

"Recuerdo que por 1954 o 1955 fui a un festival de jazz en el viejo Teatro Nacional, donde estaba la orquesta de Schiffrin y una cantidad de músicos. Ahí vi a unos locos que tocaban folklore y cantaban. Había uno al piano, que era este delincuente -dice Manolo, con su habitual humor-. Era una cosa rarísima lo que hacía. Lógicamente, siempre se entendió por folklore lo excesivamente tradicional, hasta que apareció él, a quien con el tiempo tuve el «disgusto» de conocer. Creo que nunca se lo dije, pero hubo dos cosas que a mí me modificaron de forma sustancial para decidirme a hacer folklore. Una fue conocer a Cuchi Leguizamón. La otra, el disco [de Lagos] Así nos gusta . Porque ese disco dio un cambio radical al enfoque de la música popular regional argentina."

Meses más, meses menos, Alem lleva una cuenta bastante precisa: "Con el «Negro», nos conocimos hace 41 años. Fue para la grabación de «La oncena», en la versión de Mercedes Sosa. Yo tocaba el contrabajo en ese momento. Desde entonces, ya no recuerdo cómo se fueron dando las cosas. Sí puedo decir que en un momento armamos un quinteto con Hugo Díaz, Domingo Cura y Kelo Palacios".

Este año se cumplen dos décadas de la grabación de otra de las ocurrencias de Lagos que tuvieron a Alem como cómplice: el disco Pianisssimo. "Durante casi un año venía los sábados a tocar acá. Y un día, mientras estaba sentado al piano, me dijo: «Correte». Y me corrí hacia la izquierda del piano". Esa fue la palabra que funcionó a modo de detonante para grabar el disco de piano a cuatro manos. "Buscamos la cosa más tradicional. Pero no inventamos. La raíz estaba. Tal vez fuimos un poco traviesos."

El juego y la travesura fueron una constante en estos músicos. A veces tuvo que ver con el humor. Lagos, por ejemplo, usó varios seudónimos para poder tocar (Ríos y Arroyo, entre otros). A veces suele decir que la medicina fue su esposa y la música su amante, o recuerda cuando tocó un tema frente a Yupanqui y al terminar Atahualpa le dijo que con mucho menos habría podido tocar una zamba.

Pero las travesuras también fueron una herramienta para la creación. "Uno juega con muchas cosas", dice Alem. "Pero hay que tener en cuenta que, cuando improvisamos, algunos piensan que estamos haciendo jazz. La armonía no modifica estilo. Es sólo una forma de vestir. Lo que modifica son los códigos que se puedan manejar; por ejemplo, en el fraseo. Cuando improvisamos, como en esas reuniones a las que Hugo Díaz llamaba «folkloreishons», una zamba podía durar 40 minutos, pero no dejaba de ser folklórica. El desarrollo siempre sonaba a zamba. Todo ese juego lo resolvimos naturalmente. Por eso pudimos intercambiar ideas para lograr ciertas estéticas. No fueron cosas tiradas al aire", agrega el pianista. Juárez dice que la música popular no inventó ningún acorde. "Porque si hablas de Bill Evans te tenés que remitir a Ravel. ¿Entonces hay que decir que la música de Evans es raveliana? No. Lo que existe es un desarrollo de la armonía a través de la historia, que se da a partir de las infracciones debidamente consensuadas y aceptadas."

Grabaciones encontradas

"Folkloreishons", aquel término inventado por el armoniquista Hugo Díaz (se dice que es "anglo-santiagueño" y se usa para referirse a "la improvisación sin red"), también le sirvió al Lagos para denominar una serie de discos que comenzaron a salir por el sello Melopea. Se trata de grabaciones encontradas, de distintas épocas. Ya hay dos volúmenes publicados con registros de actuaciones, emisiones radiales o de registros caseros del pianista.

¿Por qué no grabó más discos de estudio? "Podría haberlo hecho -dice Lagos-, pero no me arrepiento. En su momento consideré que no era para tanto; que era sólo una actividad de adolescente. No hice esfuerzos para profundizar el estudio. De eso sí me arrepiento."

Cualquiera diría que estudió bastante, que su formación fue la de un alumno muy avanzado. Pero el pianista retruca: "Nunca es bastante. Con el primer acorde, me sentí Bartók. Y tuve un maestro que fue Juan Carlos Paz, que me llevaba a ver conciertos al Colón. Llevaba pentagramas. Así oímos la tetralogía [de Wagner], por ejemplo".

Es difícil entender que con un acorde se sintió Bartók, pero grabó muy pocos discos porque no creyó que lo que hacía fuera "para tanto". "Claro: no fue tan importante. Pero me encantó estar cerca de tipos como Manolo o como Oscar, con quienes hemos hecho cosas juntos. Nos divertimos bastante."

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