domingo, julio 01, 2007

Astor Piazzola

Comparto este fenomenal artículo del gran Albino Gómez. Polígrafo que
fuera amigo de Astor Pantaleón.
En vísperas de los quince años de la
partida del gran músico, quiero homenajearlo con este sabroso escrito.

Sursum Corda!, Quique F.

-----------Nota de Albino publicada en Perfil 1.7.2007--------------------------------


El 4 de julio se cumplen quince años de la muerte de Astor Piazolla, y
el autor de ese ensayo, amigo y compañero de correrías porteñas y
neoyorkinas junto al músico, rememora vivencias compartidas, visitas a
esposiciones de pintura y cantinas. La bibliografía que gira en torno
a Astor es numerosa; aún así, o tal vez por eso, Albino Gómez recurre
a su anecdotario personal para arrojar luz sobre algunos aspectos
desconocidos de la vida del maestro, como la vez que "durmió" junto a
la enigmática Greta Garbo…

Lo llamaron Astor en homenaje a Astor Bolognini, un violoncelista
amigo de su padre Vicente. La historia de este pisciano –como él
astrológicamente se reconocía- comenzó el martes 11 de marzo de 1921
en Mar del Plata a las dos de la madrugada, y su vida, aunque no su
historia, se cerró hace quince años, el 4 de julio de 1992 en Buenos
Aires, después de una penosa y larga enfermedad, que lamentablemente
puso fin a su prolífica producción cuando seguía desarrollándose
con una enorme potencialidad creadora en París. Cincuenta años antes,
en 1942, todavía menor de edad, porque en aquellos años la mayoría
comenzaba a los 22, se casó con Odette María Wolf ("Dedé"), una bella
argentina con sangre alemana y francesa, que le dio sus únicos hijos,
Diana y Daniel. Pero hasta llegar a eso, pasaron muchas cosas, entre
otras, vivir desde los 3 años hasta los 16, en Nueva York, con una
breve interrupción de nueve meses, por una vuelta a Mar del Plata, en
un intento de sus padres, Vicente y Asunta, de reinstalarse en esa
ciudad, lo que recién pudieron lograr en 1937.

Claro está que esos años neoyorkinos le dieron a nuestro músico una
base cultural-emocional que selló toda su vida, a través de las
vivencias que significaron sus rebeldías escolares, la amistad con sus
primos italo-americanos de New Jersey, las pandillas barriales de las
que formó parte, sus rechazos al solfeo, sus primeros maestros
musicales; ese primer bandoneón de segunda mano, con cincuenta notas
metálicas y estuche de madera, que aprendió a tocar solo, mientras
recibía lecciones de piano de un maestro húngaro, discípulo de
Rachmaninov, que le descubrió a Bach y a Mozart, enamorándolo de
dichos autores de tal manera, que abandonó sus correrías y peleas por
las calles de Manhattan donde tocaba la armónica o hacía zapateo
americano por moneditas. Y cómo obviar el hecho imprevisible y mágico,
de conocer a Carlos Gardel a los once años, hacer de extra como
canillita en una de sus películas y acompañarlo a las tiendas para
hacerle de intérprete idiomático en sus compras.

Evidentemente el destino estaba tramando algo especial para el niño y
el joven Astor. Se ha escrito muchísimo sobre él -acerca de su
desarrollo musical, desde sus inicios a los 18 años como bandoneonista
de Anibal Troilo -y su arreglador después- en decenas de notas
periodísticas, algunas extraordinarias como la que le dedicara el
músico y poeta argentino Guillermo Anad en la Revista "El Arca" en
diciembre de 2000, que constituye el análisis técnico más profundo
sobre su obra, o en libros tan valiosos como el de María Susana Azzi
y Simon Collier; más las memorias de Natalio Gorín; el entrañable
texto de Diana Piazzolla o las desopilantes historias contadas por
Oscar López Ruiz. Vale decir que todo ello me exime de endilgarles hoy
a los lectores una extensísima relación cronológica de su
producción, por demás ya muy conocida, como todo lo relacionado con
la formación de su primera orquesta con Fiorentino en 1946, la
obtención del Premio Fabián Sevitzky por sus Tres Movimientos
Sinfónicos Buenos Aires, en 1953, seguido esto por la obtención en
1954 del premio de los Críticos musicales con Sinfonietta, que fuera
dirigida por Juan Martinon. Para cerrar ese breve ciclo de ocho años,
con la obtención de una beca del gobierno de Francia para estudiar
contrapunto y composición con Nadia Boulanger. Sin dejar de mencionar
por supuesto, algo tan fundamental como fueron sus cinco años de
estudio con el maestro Alberto Ginastera…Y me detengo aquí para no
violar mi propósito de evitar un sumario ya conocido, porque sólo
pretendo en esta nota recordarlo, con el modesto aporte de mi
testimonio personal a través de algunos encuentros en nuestra larga
amistad fundada en New York en 1958, cuando ya llevaba yo más de una
década escuchando sus grabaciones en los discos de pasta de 78
revoluciones. Porque me tocó nacer en el seno de una familia tanguera,
y mi padre me llevaba desde que yo tenía 10 o 12 años al Nacional, al
Marzotto o al Ebro Bar para escuchar tangos. Y como vivíamos en la
calle Corrientes, al lado del teatro Politeama, pasaba todos los días
para ir a mi escuela, por la vereda del Tibidabo, donde yo sabía que
tocaba Troilo, como también por comentarios de mi padre a sus amigos,
que había debutado en esa orquesta un joven bandoneonista de apellido
Piazzolla.

Mi gusto por el tango estaba determinado por lo que escuchaba en mi
casa, que abarcaba desde los de la Guardia Vieja y Gardel, hasta los
musicales de Francisco Canaro en los teatros, o el refinamiento de las
orquestaciones de Osvaldo Fresedo que ya agregaba instrumentos no
convencionales. También me motivaban las milongas en los clubes de
barrio a las que iban mis primos mayores. Y luego los bailes de los
Carnavales con orquestas de tango y jazz..

Ya veinteañero descubrí mi gusto por el jazz, que en Buenos Aires
tenía como el tango en esos años, grandes formaciones musicales como
las de Eduardo Armani, Luis Rolero con Helen Jackson o Héctor y su
jazz. Pero al mismo tiempo renovaba mi gusto por el tango gracias a la
nueva riqueza musical que comenzaba a recibir a través de Horacio
Salgán y de Astor Piazzolla.

Recuerdo que operado de apendicitis a los 22 años, durante mi breve
internación de tres días, con dos noches, como se me permitiera
instalar en mi habitación del sanatorio un pequeño Cinco, me lo pasé
escuchando "Prepárense" de Astor Piazzolla, grabado en un disco TK por
Anìbal Troilo.

Pocos años después lo vi, aunque desde lejos en la Facultad de Derecho
cuando ganó el Premio Fabián Sevitzky. Pero tardé cinco años más para
encontrarlo y conocerlo personalmente, en mi primer viaje a Nueva York
en 1958. Yo tenía en esa ciudad a varios amigos, y dos de ellos,
colegas míos en el Servicio Exterior, eran amigos y admiradores de
Piazzolla. Ellos me lo presentaron y comenzó una amistad enriquecida
por la estimulante vida cultural que nos brindaba Nueva York, donde
había además un grupo de destacados argentinos vinculados al
periodismo, a la pintura y a la música, como Ana Itelman, Horacio
Estol, Omar del Carlo, Marcelo Bonevardi, Sergio Mihanovich y Enrique
Villegas, entre muchos otros, con quienes compartíamos varias noches
durante los dìas semana, más las tardes de algunos sábados y
domingos. Astor y yo vivìamos a una distancia de apenas cinco minutos
de auto, ya que solo se trataba de cruzar el Central Park, desde la
Quinta Avenida hasta Broadway, a la misma altura, por lo cual nuestros
encuentros eran muy frecuentes.

Astor vivìa en la calle 92 y Broadway, es decir del lado Oeste de la
ciudad, a una cuadra del Central Park. Lo acompañaban Dedé, Daniel y
Dianita, que andarían por los diez o doce años. En ese departamento,
por el cual pasaron decenas de artistas, recaló un sábado por la tarde
Juan Carlos Copes con su compañera María Nieves, que venían de Puerto
Rico y llegaban por primera vez a Nueva York. De inmediato partimos
con Astor y Copes al Barrio italiano a comprar fiambres para la noche,
y ensaimadas para la tarde. En ese tiempo, Astor estaba trabajando en
la música de un ballet para Ana Itelman sobre el tema de "El hombre de
la esquina rosada". Ya había creado su entrañable "Adios Nonino",
cuando se enteró de la muerte lejana de su padre Vicente, que lo sumió
en una profunda tristeza. También apareció por entonces fugazmente en
un par de importantes programas de la televisión local, trabajaba por
las noches en el hotel Waldorf Astoria y casi de una manera permanente
en el Chateau Madrid, un excelente lugar nocturno de música y copas.
Nuestras salidas preferidas eran las idas al cine, a los museos, al
Vanguard en la calle 11 para escuchar jazz, a las exposiciones de
pintura y a las cantinas italianas y españolas, porque el disfrute con
Astor de la comida, siempre fue parte fundamental de nuestra amistad.
También eran importantes los recorridos que hacíamos por un Manhattan
más transitable que hoy en día, como nuestras salidas más lejanas que
incluían Brooklyn, Queens y Long Island. Más allá del Bronx llegábamos
a los Cloisters para sentarnos a escuchar en la paz de los patios de
ese museo-convento, música sacra, mientras podíamos contemplar el río
Hudson, bien azul en verano y tan gris y helado en sus orillas durante
los inviernos. Es que nos fascinaba esa zona muy boscosa llamada
Riverdale, donde vivió, y murió en 1945 uno de los íconos de Astor,
Bela Bartok. Ese lugar, a unos veinte o treinta minutos de Times
Square, o sea del mismo centro de Manhattan, nos regalaba un paisaje
natural tan maravilloso que se nos hacía imposible creer que
pudiéramos estar tan cerca de esa tumultuosa y vibrante ciudad
neoyorkina. Por supuesto, también eran inafaltables nuestras largas
tenidas nocturnas de charlas y discusiones sin fin sobre cine, música,
libros y hasta sobre política.

No quisiera, por haber contado ya infinidad de veces en varios medios,
las circunstancias que me permitieron presentarle en Nueva York a
Astor, a Igor Stravinksy, pero si vale la pena que vuelva a señalar
algo que sólo los ìntimos conocen, y es la timidez de nuestro músico
frente a sus ídolos, porque ante la sorpresa de que era realmente
verdad que yo podía presentarle al gran músico ruso, ya frente a él,
no le salía ni una palabra de saludo, sus piernas como él mismo contó
en algún reportaje, temblaban y no podía articular una sola palabra.
Sólo al día siguiente pude reunirlos y hacer provechoso para Astor el
encuentro. Pero en cambio, voy a utilizar ese espacio para referir
otra circunstancia demostrativa de su gran timidez frente a una
persona que admiraba artísticamente con pasión: Greta Garbo. Porque
estuvo sentado a su lado en una vuelo en primera clase de Aire France,
desde París a Nueva York, no recuerdo ahora si eso ocurrió en 1977 o
1978. La gran capelina cubría el restro de la actriz y la inmovilidad
de su sueño, que la mantuvo sentada durante todo el viaje no pidiendo
ni un vaso de agua, le impidió, a quien era normalmente muy audaz y
capaz de cualquier picardía o estrategema, inventar nada para
intercambiar un par de palabras con ella. Otra vez su timidez. Por
supuesto, eso le impidió pegar un ojo durante toda la noche del viaje,
y sentirse totalmente frustrado. Su amada actriz "pasó la noche con
él", durmiò a su lado, y nada, ni una palabra.

El hecho es que casi al mismo tiempo, tanto Astor Piazzolla como yo
dejamos Nueva York, Continuó nuestra amistad en Buenos Aires, donde
tuve oportunidad de escribir una letra para su tema "El mundo de los
dos", que me pasó en su departamento de Entre Rìos y Venezuela, donde
todavía sigue viviendo Dedé. También le hice entonces otra letra para
la vidalita que fue uno de los temas musicales de la película "Paula
cautiva". "El mundo de los dos" lo estrenó en 1962 en el recién
inaugurado boliche "676", con su quinteto integrado por Jaime Gosis,
Oscar López Ruiz, Elvino Vardaro, Quicho Días, y la voz de Héctor de
Rosas. Luego, en 1963 lo grabó. En Buenos Aires reanudamos la vida
nocturna que hacíamos en Nueva York, siguiendo todas sus actuaciones
en diversos boliches como Jamaica o La Noche y en sus conciertos en
universidades. También compartió Piazzolla en ese tiempo, los estudios
de la Radio Municipal, en su modesto sótano debajo del Teatro Colón,
con la orquesta de Aníbal Troilo y con el dúo Salgán-De Lío, gracias a
la renovación cultural y musical que le impuso entonces a la emisora
de la Ciudad, el doctor Virgilio Tedín Uriburu con Ricardo Constantini
y Julio Alvarez Freyre. Por supuesto, Astor tenía grandes admiradores,
pero asimismo numerosos detractores que negaban que su música fuese
tango. Pero Astor decía que había sido admirador y seguía siéndolo,
de las orquestas de Julio de Caro, Osvaldo Fresedo, Elvino Vardaro,
Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo. Como también manifestaba su
admiración, entre otros músicos, por Horacio Salgán. Atilio
Stampone, y Leopoldo Federico. Pero que no podía escribir ni sentir
como ellos por no poder ni querer imitarlos. Y en cuanto a lo que se
decía acerca de que empleaba ritmos y armonías modernas en sus tangos,
sencillamente aclaraba que se trataba del "nuevo tango", y que no
sería un error vaticinar que eso que hacía en ese momento, en un
futuro no muy lejano, habría de ser tildado de antiguo. En 1969,
mientras me desempeñaba como director de programación del Canal 7, en
un finalmente frustrado intento de transformarlo en un canal cultural,
fui designado jurado técnico internacional para el "Festival de danza
y canción de Buenos Aires", que se desarrolló en el Luna Park, y
compartí ese honor con Francisco García Gimenez, Lucio Demare, Hamlet
Lima Quintana, Eduardo Lagos, Horacio Malvicino y Chabuca Granda. En
dicho festival Piazzolla presentó la después famosísima "Balada para
un loco", con letra de Horacio Ferrer y cantada por Amelita Baltar, a
la que los integrantes del jurado técnico votamos para el primer
premio pero que lo perdió por la decisión del voto popular, que le
otorgó dicho premio al tango "El último tren" de Julio Ahumada. Este
tango tuvo una sola grabación, la del propio concurso, y nunca otra
más. En cambio, la "Balada para un loco", como es bien sabido,
constituyó un éxito mundial. Después, la vida y los trabajos nos
llevaron por distintos países, pero seguimos escribiéndonos y
encontrándonos, por ejemplo, en Nueva York cuando viajé para cumplir
con un trabajo de Clarìn, mientras Astor llegaba desde París, donde
estaba viviendo, invitado en el marco de los festejos del "Columbus
Day" para interpretar tres temas suyos orquestados por él para los
cincuenta músicos de la Filarmónica de Nueva York, y que tuve el
enorme placer de escuchar en el Madison Square Garden. Para ese
concierto también llegó Diana desde México, donde estaba exiliada
duraante el tiempo de la última dictadura militar. Ese viaje desde
París fue el del otro ataque de timidez frente a Greta Garbo. No me
queda ya espacio para seguir hablando de nuestros encuentros, pero al
menos quisiera agregar el que tuvimos cuando siendo embajador en
Suecia, pude recibirlo en Estocolmo dos veces. La primera fue cuando
dio un deslumbrante concierto con su quinteto en el mejor teatro de la
ciudad colmado en su capacidad para 1200 espectadores, quedando más de
trescientos afuera de la sala, sin poder lograr un lugar. La grabación
de ese concierto, con las palabras previas de Piazzolla en su flúido
inglés se sigue pasando todavía hoy, después de veinte años, en la
Radio Sueca. La segunda fue cuanto participó con el mismo quinteto
meses después, en verano, en un festival de jazz a orillas del
Báltico. Por supuesto, en las dos oportunidades comimos con todos los
integrantes del quinteto en mi casa, donde charlamos y escuchamos
hasta el amanecer una selección de temas suyos que preparé gracias a
mi discoteca, cuya "sección Piazzolla" tenía en 1986 cerca de sesenta
casetes. En los comienzos de los años cincuenta, con mis jóvenes
amigos, ya considerábamos a Astor Piazzolla un equivalente a George
Gershwin, porque como él estaba creando una gran música partiendo de
las raíces populares de la ciudad. Y como decía Guillermo Anad en el
trabajo que antes citara, a pesar de no haber sido un "tanguero", o
quizá justamente por eso, llevó el Tango a terrenos insospechados,
donde acaso ya no hacìa falta sentir "el temblor de las baldosas de un
bailongo", sino más bien la kepleriana música que produce la Tierra al
desplazarse en el Universo.

lunes, junio 18, 2007

Pato Paaaaapá

Es difícil explicar el cúmulo de sensaciones que experimentamos los fanáticos del golf el inolvidable domingo paternal.
Gustavo Fillol Day escribió una crónica fenomenal en ESPN, transcribo la misma por-que me sentí muy/muy identificado.

Disfrutadla!

De entrada estábamos incómodos. ¿Cómo se supone que se debe mirar una ronda de golf por TV? ¿Hay que gritar? ¿Hay que festejar los buenos tiros? ¿Hay que abuchear al rival, aunque no pueda oírnos?
Sí, justamente porque no puede oírnos. Es algo que nunca haríamos si estuviéramos en la cancha. Pero acá, frente a la TV, podemos ser tan antideportivos como para festejar el error del contrincante.
Cada vez que Tiger erraba un putt para birdie, gritábamos como endemoniados. Pero yo les decía: "Ojo con Furyk. Este tipo ya ganó un U.S. Open, y tiene esa mirada... no me gusta nada".
Fue una de esas veces en que odio tener razón. Furyk se embaló en los segundos nueve y embocó tres birdies seguidos. Mis amigos tuvieron que soportar el "Les dije... Les dije..." unas ochocientas veces.

Y Tiger seguía ahí. No metía los putts para birdie, igual que el sábado, algo raro en él, pero entendible en esta cancha. Eso lo igualaba con Cabrera. Los dos pegan el drive como elefantes, y son excelentes con los hierros. La desventaja de Cabrera frente a Tiger y al resto de los ganadores de Majors, es que Tiger y el resto por lo general meten putts. Cabrera por lo general no. Pero en esta cancha eran todos Cabrera. Nadie metía.

Claro que nosotros no pensábamos que era por la velocidad y el movimiento de los greens, sino por nuestro griterío desmesurado.
Cada vez que Tiger jugaba un putt, mis amigos vociferaban el nombre de algún conocido mufa.
En uno de los tantos intentos de birdie "metibles" de Tiger, uno de mis dos amigos gritó un nombre fulminante. La pelota, que parecía irrevocablemente destinada al hoyo, se desvió en el último instante y no entró.

"¡Se la saqué del hoyo! ¡Se la saqué del hoyo!", decía mi amigo, debajo de la montonera que armamos para festejar ese putt fallado.

Después, con todos de regreso a sus lugares, agregó preocupado: "Pronuncié ese nombre... Nunca pensé que iba a animarme a tanto. Ahora debo atenerme a las consecuencias".
Enseguida llegó el derrape de Cabrera. Bogeys en el 16 y el 17, después de que parecía que se había metido el título en la bolsa con el birdie del 15.

"¿Por qué sufro tanto por un tipo que nunca vi en persona y que se va a hacer millonario?", dijo uno de mis dos amigos, como para quitarle dramatismo al momento.
Pero no había forma de sacarle dramatismo. Los tres estábamos temblando.

"Si fuera un amigo, o alguien de tu familia, estarías como loco, ¿no?", le contesté yo. "Bueno, un tipo de tu país es lo más cercano que tenés a vos, después de tu familia y tus amigos".
Todo para tratar de distraernos un poco, y bajar la tensión, pero no había caso.

Comprábamos par en el 18. Después del birdie del 15, uno de nosotros había dicho que Cabrera ganaba con dos bogeys y un par. Yo no estaba tan seguro. Pero ahora el Pato ya había hecho los dos bogeys, así que comprábamos par.

No lo dije, pero cuando la pelota de Cabrera terminó en la parte más alta del green del 18, yo rezaba para que hiciera sólo dos putts. Ni pensaba en el birdie.
El Pato casi me de la sorpresa y lo mete. Lo dejó mucho más cerca de lo que yo esperaba, y se fue alzando el puño. Tampoco lo dije, pero para mis adentros pensé que era un festejo algo prematuro.
Como para auto convencerme comenté: "Está festejando lo bien que jugó el torneo, no está pensando que ya ganó".
La historia dirá que Cabrera ganó el torneo cuando Jim Furyk agarró el palo más largo de la bolsa en el hoyo 17.

Yo había ido al baño, en otro intento por descargar la tensión, y escuché que me gritaron: "¡El Tucán sacó el drive!"
Volví corriendo, con todo a medio acomodar, y riéndome por el apodo improvisado para Furyk pregunté: "Pero ¿no vio que Cabrera hizo bogey?"
No, no lo había visto.

Furyk dijo después del torneo que no había tablero en la salida del 17. Que estaba intentando adivinar qué pasaba adelante, en el grupo de Cabrera, pero que no estaba seguro.

"Escuché unos murmullos", comentó Furyk en una entrevista posterior. "Era obvio que Ángel había fallado un putt, pero no sabía si era para par o para birdie".
De todas maneras, nada habría cambiado. Furyk dijo que, si jugara otra vez ese hoyo, volvería a usar el drive.
Si acertaba el centro del fairway, en su opinión, tenía una "avenida" hasta el green. Si fallaba por la derecha, no era grave; le quedaría un buen ángulo a la bandera. Tiger más tarde hizo par desde el bunker de ese lado.
Y si fallaba por la izquierda, él estaba seguro de que sería corto del green, y tendría una entrada razonable.
Pero la adrenalina te hace pegar más largo, y a Furyk le pasó lo único que no le podía pasar.
Largo y por la izquierda. En un rough impiadoso, y sin green entre él y la bandera.
Furyk, que no tiene la distancia de Woods o de Cabrera, comentó meneando la cabeza: "Nunca pensé que podía pegarle tan fuerte".
El bogey de Furyk dejó a Cabrera sólo en la punta, y únicamente quedaba Tiger.

A Woods le alcanzaba con una madera 3 para llegar al green en el 17, y con dos putts, o con approach y putt, buscar el birdie que lo pondría a la altura del Pato. La tiró al bunker de la derecha, y desde ahí no pudo bajar el hoyo.
Cuando la pelota salió de la arena parecía perfecta para dejarla dada, pero picó en la parte más alta del green, y por lo tanto la más seca y la más dura. Pasó por al lado del hoyo y salió del green.
Argentina respiró.
Woods la devolvió al green y embocó otro de los cuatro putts comprometidos para par que tuvo en los segundos nueve hoyos --"Metí esos, pero no metí los que eran para birdie", diría Tiger después--, y se fue al 18 sabiendo que era 3 o nada.

El silencio en casa era sepulcral.

"Es Tiger", dije yo.

"Es Oakmont", me contestaron.

"Es el 18, el más difícil de la semana", agregaron.

"Pero es Tiger", insistí.

La salida de Woods terminó apoyada contra el rough, y en otra muestra de espíritu antideportivo nos pasamos 10 minutos calculando cómo le molestaría a Tiger el pasto largo que se interpondría entre la cara del palo y la pelota.
A Tiger no le importó. Con el wedge se llevó todo. Pelota, pasto, tierra y las ilusiones de un país. Fue el vuelo más largo de una pelota en los últimos 39 años de historia argentina. Yo no había nacido cuando Roberto De Vicenzo ganó el Open Británico. Tampoco mis amigos, ni Cabrera.
Siempre me desveló esa historia del Open, y el propio De Vicenzo me la ha contado alguna vez, así como la anécdota de la tarjeta mal anotada en Augusta.

"Bueno, si Tiger hace 3, será el desempate que no tuvo De Vicenzo", me animé a decir.

"Callate", me dijeron.

Tiger, según relató después, apuntó a la derecha de la bandera, con la esperanza de que la pelota mordiera y quedara allí, para un putt ideal en subida. La pelota picó justo donde Woods quería, pero no frenó. Nada frenaba a esa altura del día en los greens de Oakmont.
La pelota siguió hasta el fondo del green. Desde allí le quedaba a Tiger un putt "con triple caída", según él mismo describió. "Primero a la izquierda, después a la derecha, y finalmente otra vez a la izquierda hacia el hoyo".
No era muy distinto del putt que había tenido Cabrera poco antes.

"Si el Pato desde ahí casi la mete, Tiger, que es mucho mejor arriba el green, la puede meter perfectamente", sugerí con mi ya descubierto pesimismo.

"Callaaaaaaaaateeeeeeeee", insistieron.

"Sólo describo la realidad", me defendí en voz baja.

La realidad es que esta vez no tuve razón. Cabrera jugó ese putt mucho mejor que Tiger. Tiger no la dejó ni cerca. Nunca tuvo chance. Desde que salió la pelota supimos que no hacían falta maleficios ni invocaciones peligrosas.

Antes de que la pelota terminara de rodar, estábamos los tres abrazados, gritando por un hombre de Córdoba que todavía no hemos tenido el placer de conocer en persona.

"Dale campeóóóóóóóón, dale campeóóóóóóóón".

Un rato después, Tiger nos demostró a nosotros tres lo que es ser un caballero.

"Ángel jugó una ronda de golf excepcional", dijo Woods, "y nos puso mucha presión a Jim y a mí".

Nos quedamos boquiabiertos. No sé que esperábamos del jugador que habíamos abucheado durante toda la tarde. Que le echara la culpa al árbitro. Que despotricara por su mala suerte. Que criticara lo duro que estaban los greens. Pero nada de eso.
El número uno del mundo reconoció los méritos del rival, y nada más.

domingo, junio 17, 2007

El Pato Cabrera y un sueño hecho realidad

[Pensilvania] La centésimo séptima edición del US Open tuvo una jornada final increíble.
Luego de ir en punta al cabo de la primera y segunda ronda, el día sábado el cordobés Angel Pato Cabrera anotaba un amargo 76, seis sobre par, quedando a cuatro golpes del puntero, el australiano Aaron Baddeley.

Quizá el gusto de los hoyos finales de la tercera ronda, donde anotara bogey en los hoyos 17 y 18, planteaban dudas sobre cual sería su actuación en la ronda final.

Ya en el hoyo inicial de la decisiva ronda final, el australiano se derrumbaba con un triple bogey, cediendo la punta para no recuperarla mas. Allí dió comienzo la puja por el campeonato. Que no estuvo exenta de emoción, peligro y tiros que mostraron el increíble nivel y el trabajo que el profesional de Villa Allende, es capaz de lograr.
 
En los hoyos finales fué un cabeza a cabeza con Jim Furyk, y con el Nº 1 del mundo, Tiger Woods.
El punto donde el Pato flaqueó, fué en el par 3 del hoyo 16, al dejar la pelota a 17 metros, y necesitar tres puts para embocar.

Este bogey dejaba a sus seguidores inmediatos a dos golpes.
Y en el fatal hoyo 17, un par 4 de tan solo 313 yardas, Cabrera optó por salir con un hierro, para asegurar el par, y dejar que el resto se esforzase par alcanzarlo.

Fué vital en el trazado de su estrategia, el aliento, la contención y el trabajo de su caddie Eduardo Gardino, quien ya conocía el triunfo en el exigente circuito norteamericano, llevándole los palos al chaqueño José Cóceres, quien ganara el Worldcom Classic en abril de 2001.

Cuarenta años atrás en Liverpool, Roberto De Vicenzo llevaba al podio de un major el golf latinoamericano, superando a Gary Player, Jack Nickaus y Arnold Palmer entre otros.
El marcó un punto de inflexión, que sería seguido por Vicente Chino Fernández, Florentino Molina, Eduardo Gato Romero, José Cóceres, y una legión de jugadores que creció [y crece] exponencialmente.

Independientemente del dinero que embolsó Cabrera por este logro, desde el punto de vista deportivo, ingresó a un nivel superlativo.
Un mundo donde se le abren mas puertas para elegir mejores auspicios.

Para tener una idea, en 2006, el premio para el ganador fué de U$S 1.225.000.-
En línea con los otros majors, el ganador de US Open recibe una serie de privilegios que incluyen su invitación automática para jugar los otros tres majors durante cinco años, y la clasificación automática para el US Open para los próximos 10 años.
Como si esto fuera poco, obtiene la tarjeta para el PGA Tour durante las siguientes cinco temporadas.

Aún es difícil de medir el logro alcanzado por Angel Pato Cabrera, pero hay algo seguro: el golf en toda Latinoamérica no será el mismo desde el domingo 17 de junio de 2006.
¡Felicitaciones Campeón!

viernes, junio 15, 2007

Hasta Siempre Juancito

Estaba hojeando el diario, mientras esperaba el colectivo, cuando subitamente me detuve en las necrológicas. Cosa rara, ya que no soy cultor del obituario.
Pero mis ojitos, [inconscientemente] me decían "por acá pibe, lee acá".
El caso es que en la mañana del martes 12 de junio, partió Juancito Marino.

¿Como calificar un ser multifacético?
Creador del Siniestro Doctor Mortis [radioteatro], como así también guionista de otras geniales tiras. Su veta literaria, se mezclaba con la radio y la música, dando lugar a un genial radioteatro, género realmente difícil.
Juancito no se quedaba allí, gentlemen, cultor del jazz y de toda la música.
Creo fué trombonista, y participó de algunas orquestas en la Patagonia.
La vida me regaló la oportunidad de conocerlo.
Sintonizarlo en la radio chubutense, me llevó a establecer contacto telefónico primero, a través de sus múltiples programas: Ritmo de Tango, Jazz en el Tiempo, El disc-jockey del recuerdo.
Escuchar la música que Juan seleccionaba, y los comentarios que hacía, lograban trasladar a la audiencia toda en el tiempo.
Verlo luego en los estudios radiales, con su maletín primicia y hojas escritas a máquina con los guiones, me daban la certeza de estar frente a alguien que hacía otro tipo de radio.
Mas del estilo de la década del 40, cuando la salida al aire era estudiada/pautada.


Varias veces, tuve discusiones domésticas, por capturar la radio e imponer los programas de Juan, cosa problemática para el mediodía dominguero. Un audífono, terció en las bizantinas discusiones. Pero en casa, todos conocimos a Juan.

Mantuve algunas divergencias musicales con él, entre otras su visión sobre Piazzolla.
Y lógicamente no compartíamos todos los criterios musicales.
Pero eran mucho mas fuertes [y frecuentes] los puntos de coincidencia.


Conversar con él [hasta para discrepar], siempre fué gusto.
A tal punto, que mis Viejos lo conocieron, y rápidamente quedaron encantados con su persona.
Mi Viejo hablaba de variados temas con Juan, y divagaban sobre tópicos varios.

Conocer el archivo de Juancito, fué una sorpresa mas que grata.
Una habitación llena de discos, casetes y otras yerbas, todas ellas prolijamente catalogadas.

De un tiempo a esta parte, Juancito me instaba a escribir un libro sobre Gardel.
El me daría parte del material, para darle forma y parirlo en formato libresco.
Por esas cosas de la vida, o por estar intentando hacer algo similar con escritos de mi Viejo, ese momento nunca llegó. Una deuda ..

Una de las últimas veces que lo ví, yo iba con mi [otrora] pequeño Chucho Agustín, y lo acercamos desde el centro hasta su casa en auto. Lo miró al Benjamín, y vaticinó:
- Tú has de ser muy inteligente.
- ¿Por-qué Don Juan?
- Porque tienes una pera prominente. Igual que yo .. [risas]

Lo cierto es que no se equivocó. Y siempre guardó una figura caballeresca, mitad Quijote y caballero inglés. Encantadora mezcla.

Cuando alguien me hable de Jelly Roll Morton, cita al sello RCA Victor, o al Odeon, allí recordaré al sempiterno Juan, sonreiré mirando al cielo, y habré de prestar especial atención a la música que suene.

Ipse dixit, Quique F.

viernes, junio 08, 2007

Letras Varias y el tren que alumbró el dial de los 80'


En su columna Hic et nunc del Tela de Rayón de hoy, Marcelo Eckhardt desliza algunas cuestiones sobre el plagio de la novela ganadora del Premio Planeta [Bolivia], y un supuesto menoscabo para con el Gordo Soriano. Bolivia Construcciones es la reescritura de Nada de la catalana Carmen Laforet, escrita en 1944. Agustín Viola, un joven estudiante de economía, fué quien alertó del plagio. Las defensas de Di Nucci fueron endebles, a tal punto que el jurado revocó el premio, y causó un revuelo de dimensiones. La novela ya estaba en todas las librerías, y digamos que la estrategia estuvo a punto de "ser perfecta". Respecto del Gordo y cuervo Osvaldo Soriano, las polémicas muestran diversas posturas. Soriano fué un laburante de la escritura, bien bohemio, y era consciente que tenía un estilo propio, pero lejos de las posturas académicas. Medio que siempre lo resistió. Puede que su estilo no tuviese todos los recursos lingüísticos o prolijos de la gramática española. Sin embargo, su oficio de periodista le dió esa cintura que le permitía manejarse con soltura, y pasar de textos breves, rápidos, a relatos de largo aliento, manteniendo el hilo conductor. Hoy a diez años de su partida, vemos con tristeza que librerías y editoriales, han optado por retirarlo de los escaparates. El suplemento Ñ lo rescata con esta serie de cuentos que publica, y lo eligió como continuador de la primera selección, que fueron los gloriosos cuentos de Fontanarrosa. Personalmente, prefiero la escritura del Negro, pero Soriano es una figura ineludible de nuestra realidad literaria. Mal que le pese a algunos. Quizá sea muy arltiano, pero el Gordo logró conquistar a su público por prepotencia de escritura. Pegadito nomás Marcelo tiene otra columna [evidentemente un sostén de Tela de Rayón el ME], donde alude a dos genialidades dos: Azafata del tren fantasma [Spinetta, 1974], y al propio Tren Fantasma, creación de Omar Cerasuolo que se emitiera por FMR en los 80'. Azafata, fué emitida el domingo en el programa "Lo pasado, pensado". Concretamente narraba, algo de lo que Marcelo vuelca en palabras, imágenes patéticas que no podíamos encuadrar. Pero el título, y la visión del Flaco ciertamente fueron señeras, fué algo mas que un susto .. El Tren Fantasma .. Ese sí que fué un programa que marcó historias. Lo sintonicé prácticamente desde el 78'. Iba los fines de semana. Por aquel entonces, la FM era algo nuevo, no había muchas. Pero Radio Rivadavia, tenía la programación que uno podía retirar por la mesa de entradas de Pueyrredón y Arenales. Emblemático y querido lugar, que me hace recordar al barrio de toda mi etapa escolar y de muchos años mas. Esa esquina, quiso que Víctor Arriague, fuese el genial Doctor Pueyrredón Arenales, cuando acompañaba al Hetitor Larrea en "Rápidisimo". Pero Omar Cerasuolo, el factotum del tren, hacía cosas insólitas: desde las promo "el Tren Fantasma .. una embajada en subida". La música que sintonizaba allí era toda nueva: Madness, Los Ramones, The Clash, Bob Marley and the Wailers. Recuerda Cerasuolo: "En esos años no teníamos computadora y todo lo hacíamos con un grabador de "Cuatro cabezas" y lográbamos uniones increíbles: Gardel con Los Beatles; Sandro con Pink Floyd y Elvis. En ese momento se plasmaban hasta las tandas con artística, sistema que, con excepción de la Rock & Pop, hoy ha desaparecido. Allí estaban como ayudantes Luca Prodan, Miguel Abuelo, Pipo Cipollatti y Andrés Calamaro". El tren fantasma: ¡todo un lujo!
Hoy contamos con un arsenal de medios a disposición, pero huelgan las genialidades.
¿Será que tanto las editoriales [y las letras], como el dial tienen sed de reallity?




martes, junio 05, 2007

Hiperlibros

José Luis de Diego (director), Editores y políticas editoriales en Argentina, 1880-
2000 Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006, Colección "Libros sobre libros", 267 páginas.

Este volumen, de la colección titulada "Libros sobre libros", agrupa un conjunto de trabajos sobre distintas etapas del mercado editorial en la Argentina durante un período de 120 años.
Los artículos, escritos en su mayoría por investigadores del área de Letras (aunque los hay también de otras disciplinas: bibliotecología y traducción jurídica) enfocan sobre todo la edición de textos literarios y vinculan ese tema con otros específicos de ese campo, como las modificaciones del canon, la prevalencia de géneros, los vínculos entre literatura y cultura masiva, la relación entre política y ficción, las concepciones estéticas, el exilio de autores literarios, las polémicas entre escritores.
El director del tomo –que ha conducido el grupo de investigación en la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata durante dos años– explicita el recorte a partir del concepto de "impacto cultural" en el campo restringido de la literatura de autor argentino.
Los trabajos no son homogéneos, puede verse en ellos las apuestas particulares de sus autores, a partir de las perspectivas con que tratan el ciclo estudiado, las cuestiones que ponen en foco y los conceptos con que las abordan.
A continuación, una breve referencia a cada artículo será el modo de presentar el conjunto.

En "1880-1899. El surgimiento del mercado editorial", Sergio Pastormerlo plantea, en coincidencia con Adolfo Prieto, que durante esa etapa la cultura letrada se escindió en dos circuitos diferenciados: por un lado, un ámbito reducido destinado a una minoría social, por otro, un circuito popular con lectores nuevos provenientes de capas hasta entonces excluidas de la lectura.
Esta transformación radical generó cambios en las funciones, cada vez más profesionales, de los impresores, libreros, editores y críticos.
La investigación nos muestra, con memorable nitidez, los giros históricos de la cultura letrada a través del análisis minucioso de dos de sus manifestaciones: los editores y las colecciones de libros. A través de figuras como las de Casavalle, Coni o Tommasi, y del carácter de sus emprendimientos ("patrióticos", de intención formativa o meramente comercial, modestos o lujosos) se nos presenta a los actores sociales implicados en las empresas de edición, y se revelan los aires, coincidentes o divergentes según el caso, que movilizaron sus éxitos o fracasos.

"1900-1919. La época de organización del espacio editorial" de Margarita Merbilháa, analiza el ciclo de progreso ascendente que tanto el auge de la demanda como las oportunas prácticas editoriales produjeron en las primeras dos décadas del siglo XX.
El trabajo se centra en proyectos que buscaron ofrecer libros de valor literario y calidad de impresión "superiores" que fueran al mismo tiempo accesibles para un lectorado amplio.
Se analizan los propósitos y criterios que presidieron el catálogo de La Biblioteca de La Nación, dirigida por Roberto Payró desde comienzos del siglo y dos propuestas algo más tardías, la Biblioteca Argentina de Ricardo Rojas y La Cultura Argentina, de José Ingenieros.
La comparación muestra, por un lado, ciertas condiciones comunes (las estrategias para captar un lectorado amplio), y por otro, las diferencias ideológicas que implicaron criterios divergentes para la selección de títulos.
Completa el panorama la referencia a la fundación de editoriales por parte de Juan Torrendell y Manuel Gálvez: la popularísima Editorial Tor y la Cooperativa Editorial de Buenos Aires, respectivamente.

Verónica Delgado y Fabio Espósito, en "1920-1937. La emergencia del editor moderno", emprenden la investigación de una etapa en la que, según los autores, continuó el crecimiento de la producción para el mercado interno, aunque sin llegar al completar el "verdadero despegue" que vendrá después. Durante la primera guerra mundial, la merma de la industria editorial europea, que hasta entonces dominaba el mercado latinoamericano, dio lugar al crecimiento de empresas nacionales abocadas a la franja más dinámica, la de los libros baratos.
Se nos explica la interacción de factores que propiciaron el desarrollo o retardaron el proceso durante esos años (políticas educativas, red de bibliotecas populares, Ley de Propiedad intelectual, tasas aduaneras, formas de distribución) y se aporta valiosa información sobre las editoriales y los editores más relevantes de esta etapa: Gleizer, Samet, Glusberg, Zamora y Torrendell.

En "1938-1955. La 'época de oro' de la industria editorial" y "1976-1989. Dictadura y democracia: la crisis de la industria editorial", el director del volumen aborda dos ciclos de signo opuesto, de auge y declinación de la producción de libros.
En el primero, José Luis de Diego se aboca a una etapa en que la edición se dirigió en gran medida al mercado externo, disponible por la merma del libro ibérico a causa de la guerra  civil española. Se nos informa sobre el proceso en que varios españoles residentes en el país realizaron importantes inversiones para dar origen a casas como Espasa-Calpe Argentina, Losada, Sudamericana, Emecé, entre muchas otras de menor envergadura.
Según se señala, la orientación de estas empresas al mercado externo hizo que la 'época de
oro' de la industria editorial argentina no coincidiera con el auge de la literatura de autor argentino. El segundo artículo de de Diego retoma problemas desarrollados en un libro anterior sobre el período (¿Quién de nosotros escribirá el Facundo? Intelectuales y escritores en Argentina (1970-1986)).

En "1956-1975. La consolidación del mercado interno", Amelia Aguado repasa la situación de la industria editorial, especialmente en el ámbito del texto universitario y profesional y se detiene especialmente en los casos de Sudamericana, Eudeba y Centro Editor de América Latina.

Malena Botto, en "1990-2000. La concentración y la polarización de la industria editorial", realiza un análisis del impacto de la política neoliberal en el mercado del libro. Como en la 'época de oro' abordada por de Diego, aunque por otras razones, tampoco acá el crecimiento en términos estadísticos implicó un desarrollo del libro de autor argentino. La adquisición de editoriales por parte de capitales extranjeros activó una lógica de mercado desligada de cualquier interés que no fuera el de la ganancia. El artículo despliega los mecanismos implicados en ese proceso: reducción de las tiradas, segmentación de la oferta y la demanda, competitividad extrema.
La concentración de todo el mercado en unos pocos grupos editoriales generó, como efecto secundario, el surgimiento de editoriales independientes que comenzaron a funcionar con reglas más cercanas a la lógica del capital simbólico (y al intercambio entre pares) que a la del capital económico.
Un anexo, "Aspectos legales e institucionales de la industria editorial argentina" de Silvia Naciff, ofrece al lector una útil cronología con los principales aspectos que regularon la actividad a lo largo de los siglos XIX y XX: surgimiento de asociaciones, fundación de instituciones, creación y modificación de estatutos, sanción de decretos y leyes, entre otros.

Como se ve, el objeto de estudio abre una amplia perspectiva que permite imaginar múltiples
investigaciones futuras a partir de los caminos trazados en el volumen. Y esto porque aborda un universo escasamente estudiado en la Argentina. Más allá de algunos trabajos aislados cuyas conclusiones se retoman acá, sea como parte del estado de la cuestión o para ser discutidos (algunos, realizados varias décadas atrás, como los de Domingo Buonocore y Jorge B. Rivera; otros, más recientes, como los de Leandro de Sagastizábal o Fernando Degiovanni), no se ha investigado de manera sostenida la historia de la edición y de las políticas editoriales, factores imprescindibles para el estudio de la literatura como institución.
Geraldine Rogers

jueves, mayo 31, 2007

El escritor vagabundo

Merced al Parrafus Interruptus edición centésimo septuagésima primera, retomé el contacto con un escritor tan genial como ignoto: Don Bernardo Kordon.

Anoche [jueves 31.5.07 a las 0:36]
Huguito Paredero leyó "Los ojos de Celina", cuento del escritor que inaugurara la sana costumbre de olvidar libros en asientos de tranvías para que otros continuasen su lectura, y declarase en 1998, antes de radicarse en Santiago de Chile:
"Me voy porque Buenos Aires, para mí, ya no es más aquella tierra prometida. Me voy, la verdad, escapando a la mishiadura".

Fué un programa crocante, hasta ganador nuevo hubo: Fernando, un sociólogo de Olivos.
Comparto nota de Osvaldo Aguirre, publicada en El País [de la ROU], un año y piquito atrás.
Ahí va ..
_____________________________________________________

Bernardo Kordon (1915-2002)

El escritor vagabundo

Osvaldo Aguirre

LA OBRA DEL ARGENTINO Bernardo Kordon reúne una producción sostenida durante casi cincuenta años y comprende novelas, cuentos, crónicas de viaje y ensayos. La atención hacia este prolífico escritor, cuyo último título apareció hace casi veinte años, se ha reactivado luego de su muerte, ocurrida el 2 de febrero pasado en Santiago de Chile en el más completo abandono (de sus compatriotas, no de los chilenos). A primera vista, por sus dimensiones y aparente heterogeneidad, parece difícil encontrar un punto desde donde iniciar la lectura. Sin embargo, a poco que se inicia el recorrido aparece de manera nítida lo que constituye su eje: la ponderación de la existencia humana, en particular en los cruces entre los mínimos sucesos cotidianos y la exploración de mundos desconocidos.

Kordon nació el 11 de noviembre de 1915, en el barrio de Almagro, en Buenos Aires. En el mismo año el padre había instalado una imprenta. En ese ambiente dio sus primeros pasos y se formó el futuro escritor. "Nacido al lado de la imprenta paterna y criado dentro de ella" recordó en A punto de reventar, "mi vida transcurrió en el enervante olor de la tinta de imprenta. Solamente puedo compararlo con el que expele el suelo reseco recién mojado por la lluvia, y esto lo digo de pura condescendencia hacia la madre tierra. Pues nada es comparable a la tinta de imprenta". Otra circunstancia de la infancia tendría fuerte proyección en su visión del mundo: el espectáculo de los trenes cargueros, que veía pasar en la estación Ramos Mejía y que se convirtieron en emblema de un afán por salir en busca de la aventura.

REALISMO CRITICO. En 1936 apareció su primer volumen de cuentos, La vuelta de Rocha. Brochazos y relatos porteños, pagado con dinero de la madre. "Apenas aparecido el libro" recordó en un reportaje, "tomé un ejemplar y lo abandoné en un tranvía a Lacroze, al azar del lector desconocido, que imaginé proletario y rebelde, lo que me induce a pensar que ya no escribía para mí sino para el otro." Allí se insinuaban al menos dos características sostenidas en el resto de la producción: la atención hacia el ambiente de los marginados (en el relato "Los crotos") y la exploración de zonas fronterizas de Buenos Aires (el Riachuelo, el puerto, el límite con la ciudad de Avellaneda). A instancias del chileno Emilio Kartulovick, periodista y automovilista, comenzó a trabajar más tarde en la revista Sintonía. Allí escribió una historia de los inicios del tango, lo que significaba para él otra puerta de entrada a los suburbios de la ciudad. El periodismo, continuado luego en la revista Leoplán, le sirvió además para concretar por primera vez sus deseos de conocer mundo: fue a Brasil con el propósito de hacer notas sobre la samba y el candomblé y experimentó una especie de revelación con el descubrimiento de la cultura negra. Y de la literatura, en particular del novelista Graciliano Ramos, a quien luego tradujo al castellano, y de Mario de Andrade, el gran poeta de Macunaíma, con el que hizo amistad. En 1939 viajó por primera vez a Chile y se sintió impactado, en Santiago, por la efervescencia social del momento: "llegaban grupos de sobrevivientes del terremoto de Chillán", contó, "y desfilaban las cotidianas manifestaciones que mantenían al gobierno del Frente Popular". Estas experiencias se convirtieron en material de varias de sus ficciones y de evocaciones autobiográficas. Además, conoció en ese país a quien sería su esposa, Marina López Elgueta.

La aparición de la novela corta Un horizonte de cemento, en 1940, estableció su punto de ruptura. El relato narra en primera persona la historia de un linyera, Juan Tolosa. El procedimiento marca en sí mismo una diferencia clave con el realismo al uso: ya no se trata de mirar a los pobres y bandidos desde afuera, como un espectáculo exótico, sino de asumir la subjetividad de esos personajes de manera tal que "es el propio miserable que nos habla desde el fondo de su noche". Descubría así un mundo virtualmente inexplorado, con conflictos también desconocidos, ya que el personaje de Tolosa aparece como emergente de la crisis económica de los años 30, la llamada Década Infame.

El protagonista de Un horizonte de cemento realiza el ideal de los personajes de Kordon: rompe con el mundo circundante para dedicarse a vagabundear en libertad. Esa es la medida de su valor. "Un linyera es mejor que todos: no usa nada para diferenciarse", se lee. "Es el camino quien lo distingue como el más sufrido y el más hombre." Juan Tolosa deambula sin rumbo y sin establecer lazos, en un recorrido que perfila otro gran personaje de la obra: la ciudad de Buenos Aires.

El libro apareció publicado por la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (AIAPE), nucleamiento con inquietudes políticas surgido en los albores de los años 40 y del que Kordon fue impulsor. Otras vertientes de su febril actividad eran el interés por cuestiones sociales y la reflexión sobre las relaciones entre arte y política, que más tarde lo llevarían a acercarse al Partido Comunista. Estas preocupaciones aparecieron formuladas en la novela Muerte en el valle, escrita y publicada en Chile, donde Kordon residió por primera vez entre 1942 y 1943. La historia, al reelaborar los últimos días del periodista Raúl Dell Sendero, plantea los problemas de inserción de los intelectuales en los partidos de izquierda y supone una crítica temprana a la burocracia y las miserias de la actividad política.

El mismo año, de regreso en Buenos Aires, Kordon publicó otra novela ambientada en Chile, Tormenta en otoño. El volumen apareció con el sello de Ediciones Siglo Veinte, que luego tendría un papel importante en la difusión de la obra. El dueño de la empresa, Gregorio Schvartz, era a su vez propietario de Fausto, conocida librería de la calle Corrientes donde el escritor solía pasar las tardes.

UNA VENTANA DONDE RESPIRAR. La novela Reina del Plata significó una nueva investigación de formas narrativas. La historia transcurre en dos partes situadas en 1930 y 1943, fechas marcadas por golpes militares y convulsiones sociales en la historia argentina. La narración pone el foco sucesivamente en cuatro jóvenes que integran una barra de amigos de clase media baja. Entre los protagonistas sobresale la figura de Alberto Fiacini, personaje que había aparecido en un relato anterior, La isla, y que retornaría en "Toribio Torres, alias Gardelito", en un movimiento que Kordon imprimió a otros de sus personajes. Con cualidades de actor, Fiacini sueña con triunfar en Hollywood. Sin embargo, en el final de su recorrido accede a una revelación: "El hombre no busca lo triste, lo alegre, lo bueno ni malo" dice: "busca una ventana para respirar, y a veces la encuentra".

A fines de los años 40 Kordon emprendió un nuevo viaje, esta vez a Europa. Permaneció en Francia entre 1949 y 1950, experiencia que maduraría en una de sus mejores novelas, De ahora en adelante. La historia tiene como protagonista a un pintor de vanguardia que cumple el rito de viajar a París y, después de una crisis, decide regresar a Buenos Aires para reencontrar a un amigo de la adolescencia que es su contracara: ha renunciado a sus deseos juveniles para seguir el mandato familiar y convertirse en un viajante de comercio. Al igual que el personaje de su novela, Kordon sintió "el llamado de la ciudad" y volvió a Buenos Aires. En los años 50 nucleó a jóvenes escritores en dos revistas, Todo y Capricornio, que lo tuvieron como director. A mitad de la década se produjeron dos acontecimientos gravitantes en su vida: publicó la nouvelle "Toribio Torres, alias Gardelito", para muchos el texto más logrado de la obra, y realizó su primer viaje a China.

"Toribio Torres, alias Gardelito" apareció en el volumen de relatos Vagabundo en Tombuctú. El protagonista es aquí un joven que imita a los cantantes de tango y aspira a triunfar de esa manera. Enfrentado a la exigencia de trabajar para sostener a una familia sumida en la miseria, elige la salvación individual: escapa con la fantasía de concretar sus sueños. En el aprendizaje de las tretas y los recursos para pelear por la subsistencia, Toribio utiliza su pretendida condición de artista sólo para engañar a los demás: es un cuentero que explota las ambiciones y las necesidades ajenas. Esta actitud, reprobable para una mirada convencional, resulta en cambio positiva para el personaje porque define un ámbito donde puede valorarse: "Frente a él se extendía la calle" se dice, "y en las calles estaban marcados todos los caminos y allí donde regía el azar, él imponía su clase de cuentero". Gardelito es un artista que puede convencer a los otros de lo que se le ocurra; el mundo aparece así como un teatro habitado por artistas malos, que repiten un papel aburrido, mientras él representa la ficción más verosímil. Así, no vacila en traicionar a quienes lo rodean en función de su propio interés; por una cruel paradoja, su final se precipita cuando, por primera vez, se confiesa ante un amigo y dice la verdad.

El volumen incluía otros dos relatos memorables que marcaban una nueva línea dentro de la obra, inesperada para un autor que se proclamaba realista: la exploración del género fantástico. "Un poderoso camión de guerra" --incluido por Rodolfo Walsh en la Antología universal del cuento extraño-- presenta una historia de viaje donde lo maravilloso surge no ya del mundo revelado, como en textos anteriores, sino de un suceso ambiguo e inquietante. En "Hotel Comercio" lo extraño se desata a partir del encuentro de dos personas que por azar deben compartir una pieza en un alojamiento. La sordidez de ambientes y circunstancias, en la "cochina y tediosa lucha por la vida", resulta un espacio donde se instala lo siniestro. Por su complejidad, la extraordinaria intensidad de la escritura y el hecho de precisar las cuestiones que preocupaban al autor desde sus inicios, "Alias Gardelito" se convirtió en el texto más conocido del autor. Su repercusión estuvo dada, en buena parte, por la posterior adaptación al cine que hizo Lautaro Murúa y por el respaldo que le dio Pablo Neruda. La amistad entre Kordon y Neruda sobrevivió a las contingencias de la época, como por ejemplo a la ruptura que se produjo en 1968 en el Partido Comunista argentino y que hizo que Kordon adhiriera, sin desarrollar una militancia activa, al régimen maoísta.

LA CONEXIÓN CHINA. Kordon hizo su primer viaje a China en septiembre de 1957, como parte de una delegación cultural argentina que también integraba, entre otros, el poeta Juan L. Ortiz. En 1962, en una segunda visita, se entrevistó con Mao-Tsé-tung. La experiencia quedó registrada en varios libros que dedicó a comentar aspectos de la cultura y la historia del Lejano Oriente. En ese sentido, no actuó como un propagandista sino, al igual que en otros viajes, como un explorador ávido de conocimientos y aventuras. El interés por lo que aparecía en las antípodas de la cultura occidental remitía además a su apasionada reivindicación de la cultura negra --una rareza entre los intelectuales argentinos-- que lo llevó a interesarse por los cultos africanos y sus expresiones artísticas.

LUCES Y SOMBRAS DE LA GRAN CIUDAD. Toribio Torres tiene además otra impronta: es un provinciano incorporado a Buenos Aires. Esta circunstancia ha sido explotada bajo distintas luces en la obra. El viaje a la capital supone todavía hoy la utopía y la frustración de las clases pobres en la Argentina. En ese sentido, los protagonistas de las historias de Kordon siguen un camino con pocas salidas: la mendicidad, el crimen, la prostitución.

Domingo en el río es tal vez la mejor colección original de cuentos de Kordon. El relato que da título a la serie cuenta una excursión de pobres al balneario de Quilmes. La historia reúne una serie de personajes entre los cuales se destaca un chico huérfano, torturado por el abandono de su madre. El narrador retransmite sin comentarios su percepción de las cosas, determinada por la lectura de Emilio Salgari y la dolorosa soledad que padece. En "Expedición al oeste", el viaje tiene lugar en el tiempo: se trata de una recuperación de la propia infancia y del barrio natal. "Desde entonces", se dice, "fuimos espectadores interesados y absolutamente parciales de todo lo que ocurriese en la calle, territorio densamente poblado de amigos y enemigos (...) Criados en Babilonia, supimos escoger lo mejor: el espectáculo cambiante de la esquina, los pregones y las broncas callejeras. Sólo deseábamos crecer para hacer nuestras todas las calles de la ciudad". El valor de la calle consiste en constituir la primera manifestación de lo desconocido, el lugar donde alienta el llamado de la aventura.

En "Nuestra señora de los gatos", la ciudad aparece observada desde el punto de vista de una vieja empleada doméstica. La mujer alimenta a los gatos de un baldío y encuentra en ese lugar un espacio confortable y protector en comparación con "la selva de cemento donde reinaban y se mataban los hombres"; tanto que en definitiva, después de una retorcida relación con una burguesa, prefiere "exiliarse de los hombres para vivir con los gatos" y se hace mendiga. "La desconocida", en cambio, centra su atención en un matrimonio. La narración avanza a partir de un hecho insignificante: un hombre repara en un tic de su esposa. La conclusión es desoladora: el ámbito más íntimo ha contenido siempre un misterio, y ya no existe revelación posible.

Un mecanismo similar se advierte en un texto posterior, "La última huelga de basureros", donde un percance mínimo, narrado con los estereotipos de la crónica periodística, conduce a una realización del apocalipsis. El absurdo de la vida cotidiana ha sido el tema de otros relatos. Contra la convención, que lo define como aquello que carece de lógica a la luz de lo habitual, Kordon descubre el absurdo en la rutina, en la repetición de gestos y actitudes impuestos, en el sin sentido de las pequeñas cosas. "Los ojos de Celina", ejemplo magistral de cuento breve, lleva a un plano de horror la situación en principio trivial de la madre que resiste a la mujer de su hijo.

LA MEDIDA EXACTA. Kordon enfatizó que su literatura surgía de la "observación directa" del mundo. Pero esa posición no era la de un espectador ni la de un espía: implicaba un diálogo comprometido y un reconocimiento en el otro. "Entonces soy yo mismo", dijo, "multiplicado en las variantes de otras vidas, y esta identificación pluralista me impulsó a escribir para expresarme en otras vidas que también son las mías". En ese marco el cuento resultaba "la medida exacta del contacto fugaz y revelador del rostro que repentinamente vemos iluminarse en la oscuridad de la multitud".

Si en sus inicios el realismo de Kordon se desmarcó del pintoresquismo al proponerse como mezcla de experiencia e imaginación, a partir de mediados de los 60 marcó sus diferencias con el realismo mágico. "Sólo conozco cincuenta años de soledad", decía, al comentar que no le había interesado el famoso libro de Gabriel García Márquez. Con menos ánimo de burla, señalaba imposiciones de mercado: "Los europeos han hecho una especie de reparto de trabajo, mediante el cual el racionalismo es propio de las metrópolis (o sea de Occidente) y nosotros nos caracterizamos por el barroquismo y la fantasía". Por lo demás, continuaba abierto a nuevas lecturas. "Allá por la década del 60 fui a recorrer el norte chileno", contó, "vale decir el desierto más riguroso del mundo, por cierto con particulares singularidades humanas. Para sobrevivir ese largo viaje en increíbles ferrocarriles, llevé varios libros, entre ellos L'homme foudroyé (El hombre fulminado), de Blaise Cendrars, que simplemente me deslumbró. Desde entonces he leído creo que toda, o casi toda, la obra de Cendrars". El escritor suizo era una especie de alma gemela: también se interesó por la cultura negra y por los viajes, en particular al Lejano Oriente.

La influencia de Cendrars puede seguirse en A punto de reventar, donde Kordon hace memoria y reconstruye alguno de sus viajes, en un cuidado desorden cronológico y con intercalación de textos de autores ajenos. Pero el aporte decisivo de este libro fue la nouvelle "Kid Ñandubay", una demostración contundente de su maestría literaria. Aquí Kordon toma a un inmigrante ruso que trata de salir de la pobreza haciéndose boxeador, y compone con él un personaje inolvidable. El relato se inicia con una recreación de personajes y lugares de los años 30, en particular del ambiente de los bajos fondos porteños, con una evocación virtualmente inédita del mundo de los proxenetas y pequeños ladrones, o fiocas y gratarolas, según las voces del lunfardo, que según dice el narrador "son palabras exactas y medidas como los golpes de los buenos boxeadores".

Su último libro, Historias de sobrevivientes, recibió varios premios. Sin embargo, Kordon ya comenzaba a apartarse de los ambientes literarios. En 1998 resolvió abandonar Buenos Aires y radicarse en Santiago de Chile. "Intento escapar de la mishiadura, igual que mis personajes", declaró entonces. A poco de llegar falleció su esposa y fue internado en un geriátrico. "Lo fuimos a visitar con Volodia Teitelboim", relató el escritor chileno Enrique Lafourcade. "Estaba delicadamente presente, con ausencias nada tristes. La edad de la infancia. Una enfermera-mamá-novia y la imaginación que jamás lo abandonó". El pintor que protagoniza De ahora en adelante pensaba que a su muerte "el mundo de su arte continuaría viviendo una aventura más intensa que su vida". Esa afirmación puede extenderse ahora al propio escritor, cuya obra guarda intacta una experiencia de riqueza extraordinaria. *

miércoles, mayo 30, 2007

Nuevas fronteras de la comunicación

«Intermediando», seminario para estudiantes y jóvenes profesionales de la comunicación – Bajo el impulso de la revolución digital, los oficios de la comunicación se están multiplicando y son cada vez más especializados.
Sin embargo se asiste a continuas interconexiones entre diversos oficios:  periodismo y comunicación empresarial, nuevas tecnologías y televisión, literatura y cine…

Focus – Este curso internacional quiere ofrecer una "profundización creativa" para los distintos campos de la comunicación (información, cine y televisión, informática y nuevas tecnologías, marketing y comunicación empresarial y pública), pero con apertura multidisciplinaria.

Quién lo promueve: NetOne, red de profesionales, estudiantes y trabajadores de los medios de los cinco continentes que trabajan o estudian en el campo de los medios, en la perspectiva de un mundo unido.


Están previstos cinco días de curso, del 18 al 23 de junio de 2007, en Ciampino (Roma) para 120 jóvenes profesionales y estudiantes entre los 20 y los 35 años, provenientes del mundo entero, en idioma italiano o inglés.

Método – Las enseñanzas interdisciplinarias de Inter-mediando, confiadas a algunos expertos de la comunicación, ofrecerán a los participantes, durante las sesiones plenarias, una visión global sobre la realidad comunicativa en la cual tendrán que trabajar.

El resto del tiempo, el programa se articulará en laboratorios diversos según los varios ámbitos de la comunicación.

Están previstos momentos que contribuyan a la cohesión dentro de cada grupo: "ejercicios de diálogo y de comunicación interpersonal". Parte integrante de Intermediando será, de hecho, el método, basado en la convivencia entre profesores y estudiantes y sobre el continuo diálogo entre ellos.

Están programadas visitas a la RAI, Radio Vaticana y a la Agencia Espacial Europea (ESA) di Frascati.

El lunes 18 de junio de 2007 la escuela se abrirá al territorio para una velada –abierta al público- con Sergio Maistrello sobre los argumentos de su último libro "La parte habitada de la Red".

lunes, mayo 21, 2007

Jorge Laplaza

Adjuntamos escrito del ajedrecista doctor compadre [en ese orden] Juan Manuel Bulacio

En épocas donde la educación se enuncia mucho pero bastante olvidada está en la práctica, en épocas donde la educación parece ser más un trabajo que una vocación. en épocas llenas de palabras vacías y escasa de ejemplos, la figura de Jorge Laplaza emerge como un camino a seguir. Aunque sólo lo ví en mi ya lejana adolescencia siempre pude seguir su apasionado derrotero en el camino de la educación de y desde el ajedrez. Formador por naturaleza, mucho tuvo que ver con mis primeros pasos y el de mi querido San Miguel en el mundo de los trebejos. Con pasión desinteresada acampañó a mi padre en la docencia y organización de eventos que concluyeron con el logro de importantes títulos intercolegiales para un modesto, aunque grande colegio. Su dedicación, inteligencia, humildad y creatividad estoy seguro que iluminó a muchas generaciones de niños y jóvenes hasta el prematuro final de sus días, en silencio, en Rawson.
Va desde estas líneas mi reconocimiento y mi esperanza en que gigantes como Jorge Laplaza tengan en vida el lugar que merecen y luego de ella continúen iluminando el camino de los que aman lo que hacen sin esperar nada a cambio.
Juan Manuel Bulacio



miércoles, mayo 16, 2007

El fresquete

Arrancó una olita polar que trajo [algo de] frío por la zona del VIRCH [Trw, Rw, etc.].
El caso es que hubo que emponcharse un poquitín, calzarse guantes y bufandita.
Pero a Dios gracias, a media mañana un sol rozagante acariciaba ntros.rostros.
El tema es en las oficinas.
En los lugares que contamos con calefacción, los parrilleros [de mantenimiento] hacen gala del spiedo, y empiezan a cocinarnos, desde las 8 hasta las 14 horas.
Esto hace que [prácticamente] sea imposible abrir una ventana, bajo riesgo de recibir gritos de menopaúsico, termostato descompuesto, asesino u otras yerbas.
Pero esto no es todo, el incipiente frío inspira a los amantes de la música, y empiezan las conjuras [con ventanas cerradas], poné Arjona, no mejor Dyango, para mi Sergio Denis, Los nocheros por fi.
Esto es lo jodido del invierno. Por eso me calcé guantes y salí a dar una vuelta por la plaza de la ciudad capital [Rw]. Al regreso me recibió una repugnante melodía de "señora de las cuatro décadas". Opté por regresar al frío. Al menos no produce arcadas, y limpia todos los bichos.

domingo, mayo 13, 2007

¿Por-qué los autos ingleses tienen el volante a la derecha?

Responde Carolina Thwaites-Lastra, colaboradora de BBC Mundo:

La razón por la cual en Gran Bretaña se conduce por la izquierda se remonta a la época medieval.
En aquellos tiempos, la circulación a caballo se realizaba por la izquierda con el fin de dejar al jinete con la mano derecha libre (donde se lleva la espada) y así disponer de ella en caso de lucha.

Igualmente es más fácil montar un caballo por el lado izquierdo, especialmente si llevas una espada. También, para montar y desmontar, es más fácil hacerlo al costado de la calle, que en el medio del tráfico.

Otro motivo se remite a la conducción de carruajes. El cochero llevaba las riendas con la mano izquierda, dejando la derecha para el látigo. Si la conducción no se realizara por el lado siniestro de la calle, el látigo fustigaría involuntariamente a los peatones.

Más tarde, estas tradiciones se trasladaron a conducción de automóviles.

¿Por qué muchos países van por el lado derecho? Esto viene de la revolución francesa de 1789, cuando toda persona fue obligada a caminar por la via derecha. Antes de la revolución la aristocracia iba por el lado izquierdo, forzando al resto de la población al lado derecho.

Más tarde, Napoleón llevó esta ley al resto de Europa durante las Guerras Napoleónicas, pero Gran Bretaña, país enemigo en ese entonces, mantuvo la tradición de ir por la izquierda.

viernes, mayo 11, 2007

Sobre el golf y el ingreso de espectadores a los links

Aleccionador Fallo y un llamado a la reflexión para los clubes de golf.
Socializo el documento que gentil e inteligentemente nos acercara Aldito De Cunto, otra "víctima" de mis relatos golferos.



Expediente 111.915/2.000 - "Cruciani, Corina Leonor contra Rosarios, Diego y otros sobre daños y perjuicios. Ordinario" - CNCIV - SALA K - 25/03/2007

DAÑOS Y PERJUICIOS - ACCIDENTE EN UNA CANCHA DE GOLF. Daños sufridos por un espectador. Defectuoso tiro efectuado por el jugador que no puede tomarse como infracción al reglamento. Inexistencia de responsabilidad. Violación de las medidas de seguridad dentro de la cancha. RESPONSABILIDAD DE LA ASOCIACIÓN ORGANIZADORA DEL TORNEO por el ingreso a la cancha de personas ajenas al deporte. Omisión de diligencias a cargo del "oficial de día" quien debió instruir o acompañar el ingreso a fin de evitar el riesgo propio del deporte. CULPA CONCURRENTE DE LA VICTIMA. Imprudencia

"Según el reglamento del deporte, la línea de juego es la dirección que el jugador desea que su pelota tome después de un golpe, más una distancia razonable a ambos lados de la dirección deseada. La línea de juego se extiende verticalmente hacia arriba desde el suelo, pero no se prolonga más allá del hoyo (Ver Reglas de golf, Regla 8. Consejo. Indicando la línea de juego, pág. 35)."

"En el caso de autos, la actora no se encontraba en la línea de juego, por lo que, en mi criterio, el jugador no estaba obligado a advertir el tiro."

"Si bien la actora y sus acompañantes ingresaron al Club simulando ser periodistas de un canal de televisión, lo hicieron con la autorización del organizador del torneo, la complicidad de este último surge de manera indudable del video acompañado con la documentación reservada. Mas ello no disculpa al Club del ingreso de personas ajenas al deporte a la cancha de golf."

"En el caso de autos la responsabilidad del Club no puede basarse en el contrato innominado, llamado de "Espectáculo público" que se celebra con el espectador, pues la actora no ingresó en esa calidad. Esta convención lleva implícita una cláusula de incolumidad por la cual el organizador asume un deber de seguridad. En consecuencia, responde de todos los daños ocasionados a los espectadores con motivo de la violación de este deber. Sin embargo, lo cierto es que el Club al autorizar en sus instalaciones la organización de un torneo abierto de golf asumió un deber de seguridad frente a las personas que ingresaron en la cancha de golf, máxime cuando el organizador y el oficial de cancha tácitamente las autorizaron al verlas ingresar y no prohibirles la entrada. En consecuencia, también en este caso responde de todos los daños ocasionados. Pero aun cuando se sostuviera que por las especiales circunstancias de autos, no cabe la responsabilidad objetiva derivada del deber de seguridad como organizador y propietario del campo de golf, en mi criterio, también se acreditó la culpa de las autoridades del Club."

"Se probó que el "oficial de día" es la autoridad que especialmente en un torneo debe controlar la seguridad en la cancha, y especialmente que no ingresen en ella personas no autorizadas y si, como en el caso, permitió su ingreso debió instruirlas o acompañarlas para evitar el riesgo propio del deporte."

"Se encuentre prohibido o no por los reglamentos la ubicación que se le ocurrió adoptar a la actora, aun en la hipótesis más favorable para ella, es indudable que incurrió en imprudencia ya que la más elemental previsión le advertía el peligro que podía correr. Cabe destacar que su posición a la derecha del jugador (adelante o detrás de la línea) la exponía a recibir un golpe, como lamentablemente ocurrió."

"Conforme las consideraciones precedentes y especiales características del caso, disiento con la juez de grado y considero de acuerdo a las circunstancias que pesa mayor responsabilidad sobre el Club demandado; por ello, la actora deberá soportar el daño en un 40%. y la Asociación Los Pingüino Club de Polo, en un 60%."

Fallo en Extenso

Citar: elDial - AA3D05

jueves, mayo 10, 2007

Martes del Coronel Rural, miércoles ingenieril en las Chacritas [pronunciad chacarita], para finalizar el Jueves en los Bañados de Lugano

No es la vuelta a Buenos Aires en ochenta minutos, sino en ochenta páginas!

Ha sido una semana donde pese a no ganar en vivo, el milagro de la radio, otorgó un nuevo crédito al hombre de Laferrere. Ora Perenchio, ora Coronel. Digamos, un oficial victorioso [un coronel rural?] en la emisión del martes, cuando se transmitiera al aire la emisión del Parrafus Ferial del lunes 30 de abril.


Allí escuchamos propuestas, al juntarse un grupo de la "pequeña orquesta reincidentes" o ganadores consuetudinarios, tal como el labil intento de pactar alguna regla de oro para los ganadores múltiples, i.e. aguardar 5 minutos para luego llamar. Cosa que finalmente fue desestimada.
Dicho esto, a las 24 horas y segundos, un viejo ganador llamaba para abrazar un nuevo trofeo parrafero, gracias a "La Muerte de Artemio Cruz" [gente que muriendo da vida, y premios], novela de Carlos Fuentes.

Hoy la Cornejo [Verónica] fué simpática y sincera, al explicar su derrotero, y refererir a la fecha anotada en el broli 2/7/86. Abundó en detalles sobre el proceso deductivo, pese a haber dado con el autor, pero no con la obra en un primer llamado.

Continuamos enganchados con esta pasión por los libros, por la lectura, y ppalmente. por seguir aprendiendo.

He allí el misterio a develar, ¿será una propiedad invisible/intransferible del éter nacional [de LRA]?

Prólogo de Jorge Luis Borges a 'El Mandarín'
"A fines del siglo XIX, Groussac pudo escribir con veracidad que ser famoso en Sudamérica no era dejar de ser un desconocido.
Ese dictamen, por aquellos años, era aplicable a Portugal. Famoso en su pequeña e ilustre patria, Jose María Eça de Queiros (1845-1900) murió casi ignorado por las otras tierras de Europa. La tardía crítica internacional lo consagra ahora como uno de los primeros prosistas y novelistas de su época.

Eça de Queiroz fue esa cosa un tanto melancólica: un aristócrata pobre. Estudió Derecho en la Universidad de Coimbra y, una vez terminada su carrera, desempeñó un cargo mediocre en una mediocre provincia. En 1869 acompañó a su amigo, el conde de Rezende, a la inauguración del canal de Suez. Pasó de Egipto a Palestina, y la evocación de esas andanzas perdura en páginas que muchas generaciones leen y releen. Tres años después ingresó en la carrera consular. Vivió en La Habana, en Newcastle, en Bristol, en la China  y en París. El amor a la literatura francesa nunca lo dejaría. Profesó la estética del parnaso y, en sus muy diversas novelas, la de Flaubert. En "El primo Basilio" (1878) se ha advertido la sombra tutelar de Madame Bovary, pero Émile Zola juzgó que superior a su indiscutible arquetipo y agregó a su dictamen estas palabras: "Les habla un discípulo de Flaubert".

Cada oración que Eça de Queiroz publicó había sido limada y templada, cada escena de la vasta obra múltiple ha sido imaginada con probidad. El autor se define como realista, pero ese realismo no excluye lo quimérico, lo sardónico, lo amargo y lo piadoso. Como su Portugal, que amaba con cariño y con ironía, Eça de Queiroz descubrió y reveló el Oriente. La historia de "O Mandarim" (1880) es fantástica. Uno de los personajes es un demonio; otro, desde una sórdida pensión de Lisboa, mata mágicamente a un mandarín que tiende su barrilete en una terraza que está en el centro del impero amarillo. La mente del lector hospeda con alegría esa imposible fábula".


martes, mayo 08, 2007

Concurso [porque si]



Servíos identificar músicos de la foto. Pertenecen a un conjunto casi imaginario [Irreal]. El de gorrita, hoy ya no tiene pelo.
Estudió arquitectura, gran cultor del mimo.
Se dedica a interpretar creaciones de otros. Tiene un timbre de voz envidiable, que corrió serios risegos, pero logró recuperar su [otrora] voz cascada. El tercero [de izq.a der.], anda por Italia.
Se dedica a la biomúsica, y nuevas formas de experimentar para transmitir la polenta de la música. Guitarrista el hombre.
Animaos.


lunes, mayo 07, 2007

Vivencia - Roberto Grela - A San Telmo: un vínculo develado

El sábado pasado escuché en un programa una entrevista al Dúo Vivencia [Héctor Ayala y Eduardo Fazio]. Fué muy copado escuchar tipos que suenan bien, vibran mejor, y transmiten una concepción interesante de la vida.

La cosa es que Héctor se emocionó luego de escuchar el tema "A San Telmo", tangazo compuesto por Roberto Grela y Héctor Ayala [padre], quien era guitarrista. Y contaban en el programa, que se emocionó hasta las lágrimas, por escuchar un disco que el mismo había llevado al programa [La música de los músicos, LS1 Radio de la Ciudad, conducido por María Socas].
Grela es un tipo que siempre me llamó la atención, y ese tango/milonga [A San Telmo] siempre lo tuve presente.
¡Había una conexión subyacente, que se develó al sintonizar LS1!

viernes, mayo 04, 2007

Foto Galería en Trelew


El lunes venidero Laura Nazar inaugurará su muestra de fotografía en la sede de Osde Trelew [Charlie Pellegrini 262].
Título de la muestra: "Algunos Lugares".
Nosotros decimos: "Avanti Morocha" [aguante arquitexta!]

La misma se podrá visitar de lunes a viernes de 8 a 18hs, desde el 8 de Mayo al 4 de Junio.
Como para muestra basta un botón, disfrutad la imagen.

miércoles, mayo 02, 2007

Budapest 2006


Para aquellos interesados en el encuentro realizado en septiembre de 2006 en Budapest, con motivo del quincuagésimo aniversario del voluntariado de los focolares, adjuntamos un hipervínculo al documento que resume gran parte de las ponencias.

Una forma de revivir el evento, aún a la distancia [temporal y terrenal].

Bregando por el Encuentro


Desde el pasado 5 de marzo [de 2007] se encuentra operativa la señal Encuentro, el canal educativo del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.
En virtud de la Resolución 1836/06 sancionada por el ComFer, todos los operadores de cable del país, que cuenten en su grilla con mas de quince [15] canales,
están obligados a emitir la señal de Encuentro dentro de su programación, y hacerlo durante las 24 horas del día, sin incrementar el costo del servicio.
Sabemos que muchas compañías de cable, no cumplen con esta reglamentación, y no basta con la franja de 19 a 20, que diariamente ofrece el canal 7 de Buenos Aires.

En virtud de hacer efectivo el cumplimiento de la mentada resolución, invitamos a los interesados [en contar con esta señal], dirijan una nota por escrito a la delegación del Comfer, indicando la prestadora de cable que poseen, que no emite en su programación la señal educativa de Encuentro, contraviniendo la resolución 1831/06 del Comfer. "Por tal motivo, se invita a las autoridades del Comité Federal de Radiodifusión, arbitre las medidas del caso, para que se cumpla con la resolución y se incluya la señal educativa en la grilla del operador de cable".

A tal efecto, sirvanse dirigir la nota a la delegación del ComFer mas cercana a su domicilio
[
www.comfer.gov.ar/delegaciones.php]

Esta es una manera de velar por nuestros derechos, e invitar al cumplimiento de las normas, máxime cuando el resultado habrá de beneficiarnos a TODOS, y ofrecer una alternativa al alicaído contenido televisivo.

martes, mayo 01, 2007

Mariápolis 2007


Zarpamos a Bahía Blanca para sumergirnos en la experiencia de una Mariápolis.
Alguna otra vez habíamos hecho lo propio, pero hacia O'Higgins, para pasar la Semana Santa, pero fué cinco años ha.
Nunca es fácil coordinar los días de un fin de semana largo. Sin embargo hubo acuerdo global, de nos los cuatro.
¿Como decirlo?, nos ibamos fuera de casa, pero para mirar hacia dentro nuestro.
No al estilo de un retiro espiritual, sino para vivir una experiencia de unidad.

Imaginemos mas de cuatrocientas personas provenientes de diversas provincias y distintas realidades: Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Trelew, Viedma, Bahía Blanca, Punta Alta, Mar del Plata, Olavarría, General Lamadrid, etc.
Con pequeños desde un par de meses, hasta seres con una experiencia superior a los 80 años.

El lema del encuentro fué: "El amor cambia la sociedad".
Las actividades desarrolladas, tuvieron este lema como idea fuerza.
Los chicos tuvieron su plan de actividades/laburo, y nosotros el propio.

Fueron muchos los testimonios que se presentaron. Algunos de ellos muy concretos, en el accionar cotidiano. A lo largo del sábado, domingo y lunes nos reunimos en grupos, donde fuimos reconstruyendo como nos llegaban estos aportes, y que estabamos experimentando a lo largo de la Mariápolis.
Allí intercambiamos con matrimonios provenientes de Santa Rosa, Lamadrid, Punta Alta, Trenque Lauquen y Trelew.
De a poco dimos nuestros pareceres, y fuimos expandiendo alguna que otra manera de irradiar este amor "de la naturaleza a la mesa".

Ya en la apertura de la Mariápolis, se señalaba que el lema, no apunta a "un amor sentimental", sino a un principio fundamental y motor de la vida: el del amor recíproco. En los talleres, refinamos esto.
En particular en el de política [del día sábado], tomamos como categoría inspiradora reinstalar el principio olvidado de la Revolución Francesa, el de la fraternidad.
El Movimiento Políticos por la Unidad, nace en Nápoles el 2 de mayo de 1996, vale decir en horitas cumplirá once jovenes añitos.
Como factor común del encuentro mariapolita y del MPU, se invita a [re]descubrir la riqueza del otro, sobre todo delue piensa distinto, entendiendo que no hay muchas razas, sino una sola: la raza humana.
Esto promueve crecer junto a las nuevas generaciones, preguntandonos constantemente: Yo, Ahora, ¿qué puedo hacer?
En fin, todos y cada uno de los participantes colaboramos, construimos esta experiencia de unidad, de difícil definición.

Quizá podríamos aproximarnos, marcando la serie de encuentros profundos que se dieron a lo largo de estos tres días, marcando muchas experiencias del amor recíproco, presente en el bar [entre redentores panchos y dulces pastelitos], los talleres [plenos de participación, polenta y anécdotas], o las reuniones [donde el silencio marcaba la escucha participativa y atenta].
En todo momento reinó el clima fraterno, distinguiéndose la libertad para actuar o asistir a los eventos: sin obligaciones, ni compromisos.
Qué decir de la armonía, hecha carne en el sonido y en la música que acompañó a todos y cada uno de los eventos mariapolitas.
A modo de síntesis, adherimos al testimonio del pianista Santiago Wally [Olavarría], quien aludió a la dimensión horizontal del Movimiento Focolar. Algo que lo distingue de otras expresiones, que priman la verticalidad de la Cruz, en tanto aquí se hace carne esta cuestion de la colectividad de la salvación. Un ingrediente que nos permite [y nos ayuda para] empezar a cambiar.
Todo esto y tantas otras cosas, hicieron que nos sintieramos abrazados entre cientos de mariapolitas,
unos desde aquí, y tantos otros desde el Cielo.

Calidad, no cantidad

"El impacto de la TV cultural es más importante que los ratings,
porque cuenta con un público específico,
que transmite la información de lo que aprende en la televisión".

Giovanni Sartori, escritor y politólogo

Miradas sobre la TV

Va el concepto de un helénico sobre la TV:
"El peor pecado de la televisión¨la vulgaridad.
Terminamos pareciéndonos a los que miramos.

Cuanta mas vulgaridad haya en la televisión,
más vulgares seremos todos".

Constantín Costa Gavras , cineasta.