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Bitácora devenida Golfista, temporal y afortunadamente. La sabiduría es ante todo conocimiento de si - proverbio chino.
El pasado viernes 11 de julio, partió a mejor vida el contrabajista, y leyenda del jazz Charlie Haden.
Murió en Los Angeles, a los 76 años. Proveniente de una familia de músicos, Charlie dio sus primeros pasos como cantante. Pero debió abandonar el canto, tras contraer la poliomelitis, que afectó sus cuerdas vocales.
El jazz lo cautivaría tiempo después de este cambio forzoso, al punto de comenzar a tocar el contrabajo de su hermano. En los 50' se vincularía al cuarteo del saxofonista Ornette Coleman, referente del "free jazz". En 1959 grabarían un disco inolvidable y polémico, que resaltaría la identidad del free jazz: "The Shape of Jazz to Come".
En 1967 grabó junto a Keith Jarrett y Paul Motion, "Life between the exit signs".
Luego lo hizo junto a la Plastic Ono Band en 1970, corroborando su versatilidad, para ir del free jazz a otros géneros.
En 1997 ganó un Grammy por su trabajo junto al genial Pat Metheny, por el disco "Beyond the Missouri Sky". En 2001 ganó otro Grammy, por su disco "Nocturne", grabado junto al pianista Gonzalo Rubalcaba.
En 2010 junto a su viejo colega y pianista Keith Jarrett, hicieron un nuevo disco: "Jasmine". Y en mayo de 2014 publicaron otro álbum bellísimo "Last Dance".
Quizá, Charlie haya sabido que sería su última grabación.
Por algo el título, muy sugerente por cierto.
Si a esto le sumamos los últimos dos temas del disco, nos queda claro que Charlie era consciente de la finitud de su vida.
No en vano, cerró "Last dance" con "Every time we say goodbye", y "Goodbye".
El mismo viernes, pero por la noche, Diego Fisherman evocó la figura de Charlie, difundiendo tres grabaciones: Yo sin ti y El ciego (del disco Nocturne), y Silence, del disco que lleva este nombre. Recomiendo la escucha de Tren de Noche, programa que se emite por Radio Uba (88,7 Mhz), los viernes de 22 a 24 hs.
Despedimos al contrabajista, con una frase de su autoría:
- Nuestro paso por la vida, es para embellecer el mundo, y mejorar la convivencia. Esto busca promover el arte, a través de sus diversas expresiones.
Gracias Charlie!
En el primer número de L'Osservartore Romano, aparecido el 1° de julio de 1861, se presentaba de este modo al lector. En la cabecera, rezaba: "L'Osservatore Romano - diario político-moral".
Los primeros números constaban de cuatro páginas, en las que se trataban los asuntos que caracterizarían su "línea editorial".
Al final de 1861, se eliminó el subtítulo "diario político-moral", y aparecieron bajo la cabecera los lemas unicuique suum (a cada uno lo suyo) y non praevalebunt (no prevalecerán, referido a las puertas del infierno), aún vigentes.
Al comienzo, L'Osservatore no tuvo sede.
Sus primeros redactores se reunían en la imprenta de los Salviucci, en plaza de los Santos Apóstoles 56, donde se imprimía el diario.
Sólo desde 1862 la redacción tuvo su sede en el palacio Petri, donde se establecería la imprenta propia.
El primer número se imprimió allí el 31 de marzo, fecha en que a la cabecera se le añadieron las palabras Giornale quotidiano.
El 30 de junio de 1865 dos abogados Zanchini y Bastia cedieron la propiedad.
En los primeros meses de dirección, contó con la colaboración de Giovan Battista Casoni que, en 1890, se convertiría en director único.
El diario se presentó inmediatamente con un programa progresista y con espíritu independentista.
En su primera dédada, el diario dedicó mucho espacio a los asuntos de política internacional, incluida la "Cuestión romana". Casi nunca se discutían problemas puramente políticos; más bien, se destacaban la justicia o injusticia de actos públicos y sus consecuencias para la religión católica y para la moral de la sociedad. Temas de índole religiosa, eclesiástica y económico-social, encontraban espacio en la primera página.
De esta forma, pronto el diario se caracterizó como "espejo leal y bastante completo no sólo de las opiniones y de los deseos de la mayoría de los católicos romanos, sino también de las opiniones y deseos -al menos en sus formas exteriores y públicas- del mismo Gobierno del Papa".
Vaya esta pequeña reseña, para saludar a un periódico que logra gran capilaridad al ser leído por la grey que sigue al Pastor. No es la cantidad, sino la calidad. Y desde ya, la caridad, aquello que distingue a L'Osservatore Romano.
Saludamos y celebramos sus primeros 147 años de vida. Brindamos por muchos mas, y para que siga llevando la verdad, la bondad y la belleza en sus páginas a sus múltiples lectores.
por Juan Gattinoni
"El compromiso de Carlos T. Gattinoni (n. Junín 17/7/1907) con los Derechos Humanos surge y se concreta a partir de su visión pastoral.
Esta visión es: amar a las personas, comprenderlas, animarlas a vivir una vida digna y una profunda fe en que Dios es el Señor de la vida y de la Historia.
Fiel a la herencia wesleyana-metodista, "el mundo fue su parroquia".
Por tanto, no reservó su atención y dedicación pastoral sólo a "los metodistas".
Las puertas de la oficina episcopal estaban abiertas para toda persona que necesitara ser escuchada, a quien lloraba, a quien estaba desorientado.
Carlos T. Gattinoni fue obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA), desde 1969 hasta 1977. Luego de jubilarse y hasta su fallecimiento fue considerado Obispo Emérito, siendo un pastor muy querido y también Secretario de Evangelización de la IEMA.
En su tiempo de episcopado, se vivieron situaciones de mucha violencia en nuestro país.
Carlos estaba claramente comprometido con la paz y en el Movimiento de la No Violencia.
En septiembre de 1973 se produce el golpe militar en Chile y la IEMA, bajo su episcopado, junto a otras Iglesias protestantes y algunos sectores de la Iglesia Católica Romana organizan en articulación con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, toda la tarea de recibir y contener la gran cantidad de refugiados que venían principalmente de Chile, pero también de Uruguay y de Paraguay.
Fines del 73, inicios de 74 esta tarea de protección y defensa de los Derechos Humanos ya estaba en marcha. No se inicia como una actividad de individuos "capacitados en la defensa de los derechos humanos", sino como dirigentes de Iglesias que comprometen a sus comunidades de fe, no en una línea "política partidaria", sino en un compromiso con la vida y la sociedad, a favor de la paz y la dignidad de las personas y el bien común. A esto llamamos una visión pastoral (tenemos que cuidar la vida para vivir en justicia y paz), más que política.
La oficina episcopal de Carlos Gattinoni fue un lugar de constante visitas de personas que perdieron todo y estaban refugiadas, madres y padres que perdieron su hijos por desaparición forzada, líderes de Iglesias y Movimientos preocupados por qué hacemos ante tanta violencia e injusticia, gente metodista y gente de otros credos.
Carlos nunca dejó de entrevistarse con alguien por temor a una represalia posterior.
Cuando se le decía desde la familia y los cercanos "cuidate", la respuesta era más o menos la misma: "yo hago esto en el nombre del Señor, y el sabe qué será de mi"
Y con todas esas personas que recibió, escuchó y ayudó en situaciones difíciles, siempre terminaba orando al Señor. Él sostenía que en realidad un pastor lo único que seguro puede hacer por el que sufre es orar por y con él. Puede no tener respuesta, puede no tener los recursos, puede hasta equivocarse en el consejo. Lo que no puede dejar de hacer es lo más valioso que tiene: orar con fe por la persona.
Alguna vez le pregunté a Carlos si yo, como pastor, podía ser político.
La respuesta fue sincera y coherente. Supongo que quizás sí. Yo no puedo. No puedo mentir o negociar sobre principios fundamentales para mi vida. La política exige negociar, decir y desdecirse. Que tu sí sea si y que tu no sea no, dice el Evangelio y yo le he entregado mi vida al Evangelio".
Personas luminosas, a quienes no debemos olvidar.
Que nos iluminen y alumbren nuestro camino.
Sea!