lunes, septiembre 21, 2009

La vida y las cosas por hacer

El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla. (Lao Tse)

"Estoy contento porque cerré muchos temas". Frase habitual en muchas personas "exitosas".
La metáfora en este caso sería: la vida como temas a cerrar o listas de tareas a tachar.
Si nos fijamos, cuando escribimos una lista de trabajos a realizar, nos produce un especial goce ir tachándolos.
Parece como si el placer no estuviera en realizar proyectos, sino en acabarlos.

No solo tenemos interminables listados de obligaciones, sino también largas listas de actividades de ocio que, de alguna forma, sentimos como una presión. Javier Marías decía: "Es tanto el afán por estar al día y tan breve el reposo permitido a los libros, las películas, las exposiciones o la música, que a veces tengo la impresión de que tanto los críticos como los lectores y espectadores se pasan la vida tachando de una lista interminable o escribiendo apresuradamente al lado de cada nuevo titulo: Visto, Leído, Oído, y ahí se acabo todo".

Así no solo tenemos estrés de trabajo sino también ¡estrés de ocio! Cuando algún amigo nos recomienda una película, o un libro, en lugar de trasladarnos una ilusión, a veces lo que nos provoca es agobio porque es otra actividad más a incluir en la lista de cosas que nunca acabamos de tachar.
Por eso, nos cuesta tanto practicar lo que tantos sabios aconsejan: vivir el presente. ¿Cómo vamos a vivir el presente si lo que queremos es terminar lo que estamos haciendo en cada momento?
Si la satisfacción proviene de cerrar temas, entonces el tiempo que no encaminamos hacia este objetivo lo consideramos una pérdida.
Y aquí encontramos otra metáfora: el tiempo lo vemos como algo que se gana o que se pierde, como el dinero: "He invertido-malgastado mucho tiempo".
No existe ninguna necesidad para la cual el ser humano deba conceptualizar el tiempo con esa metáfora. De hecho, existen muchas culturas en las que el tiempo no se ve así. El pastor Tuareg, Moussa Ag Assarid comentaba en una entrevista que lo que más le chocó en su primer viaje a Europa fue ver gente corriendo por el aeropuerto porque en su país las personas solo corren cuando viene una tormenta de arena.

Así que pensó que sucedía algo malo y se asusto. Y es que no es de extrañar que corramos si vemos la vida como una carrera consistente en ir cerrando temas. La aceleración que llevamos dentro se encuentra excelentemente reflejada en las palabras de Raimon Panikkar: "Vivimos en un tiempo en el que se pretende que el rosal crezca rápidamente tirando de sus hojas... La felicidad es inversamente proporcional a la aceleración".

Hace algún tiempo, una paciente que padecía fibromialgia me comentó que su reumatólogo le sugirió que ella debía ver su cuerpo como un Seiscientos, y que quizá, aunque la demás gente fuera en un Porsche, ella llegaba a los mismos lugares, empleando más tiempo, pero podía llegar igual. Con esas palabras su médico dio en el clavo, porque partió de la idea de que la metáfora de la vida como una carrera para ir cerrando temas se encuentra, en mayor o menor grado, en todos nosotros y por tanto su comentario encajo con la forma de ver el mundo de esa mujer.
Quizá nos podría resultar más útil considerar la vida tal y como la define una de las protagonistas de la entrañable novela de Susanna Tamaro Donde el corazón te lleve: "La vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad para encontrar la diana".
Touché!

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