Audio ad hoc: https://drive.google.com/open?id=1ggygF1xUXCA37bCB7_eTUiGv76OVV_y6
Recibimos el año, de la mano del folklorista Chacho Müller, nacido en Rosario, el miércoles 2 de enero de 1929.
De chico aprendió a tocar piano y guitarra. Mas tarde, empezó a componer temas, que acompañaba con su viola.
El Chacho vivía conversando con su amado río Paraná. Si hasta hablaba con su canoa ...
Compositor de una música y poesía profundas, contrastaba frente a la enorme pobreza del contexto musical.
Sus temas fueron elegidos para el repertorio de artistas como Los Trovadores, Mercedes Sosa, Suma Paz, Raúl Carnota,o Jorge Fandermole, entre tantos otros.
Al igual que Roberto Fontanarrisa, Müller jamás quiso dejar Rosario, porque amaba el lugar y su gente.
Bien hizo, porque además de laburar de carpintero, ayudó a darle lustre a la canción litoraleña.
Tenía las patas en el suelo, pero siempre en actitud de vuelo ...
Bitácora devenida Golfista, temporal y afortunadamente. La sabiduría es ante todo conocimiento de si - proverbio chino.
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miércoles, enero 02, 2019
jueves, mayo 10, 2018
Miguel Brascó, Sibarita de veras
Recordamos a Miguel Brascó, quien nos dejara el 10 de mayo de 2014.
Nacido en Santa Fe, en el año 1926, nuestro homenajeado fue un todo terreno: escritor, dibujante, periodista, abogado y humorista. Apasionado por promover el buen comer, beber y vivir. De allí, nuestro calificativo de sibarita.
Su infancia transcurrió en Puerto Santa Cruz, y a las 12 años regresó a Santa Fe.
Finalizados sus estudios en la universidad del litoral, dirigió una emisora radial, hizo teatro, jazz y tradujo a poetas ingleses y alemanes.
En materia de humor político, escribió en las revistas Tía Vicenta, Primera plana y en el diario La Opinión.
Desde los 80 fue Director de la revista Diners, Ego y Status, donde reunió crónicas fotográficas y relatos de bon vivant redactados con su particular estilo, plagado de imaginación y humorismo, enriquecidos por sus ilustraciones.
Condujo varios programas en radio y televisión, promoviendo la cuestión gourmet.
Parece que a nuestro sibarita le sobraba el tiempo, por eso es coautor de dos temas claves de nuestro cancionero popular, junto al pianista Ariel Ramirez: Santafesino de veras, y La Vuelta de Obligado.
Alzamos la copa por Miguel Brascó y por la buena vida!
Nacido en Santa Fe, en el año 1926, nuestro homenajeado fue un todo terreno: escritor, dibujante, periodista, abogado y humorista. Apasionado por promover el buen comer, beber y vivir. De allí, nuestro calificativo de sibarita.
Su infancia transcurrió en Puerto Santa Cruz, y a las 12 años regresó a Santa Fe.
Finalizados sus estudios en la universidad del litoral, dirigió una emisora radial, hizo teatro, jazz y tradujo a poetas ingleses y alemanes.
En materia de humor político, escribió en las revistas Tía Vicenta, Primera plana y en el diario La Opinión.
Desde los 80 fue Director de la revista Diners, Ego y Status, donde reunió crónicas fotográficas y relatos de bon vivant redactados con su particular estilo, plagado de imaginación y humorismo, enriquecidos por sus ilustraciones.
Condujo varios programas en radio y televisión, promoviendo la cuestión gourmet.
Parece que a nuestro sibarita le sobraba el tiempo, por eso es coautor de dos temas claves de nuestro cancionero popular, junto al pianista Ariel Ramirez: Santafesino de veras, y La Vuelta de Obligado.
Alzamos la copa por Miguel Brascó y por la buena vida!
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jueves, agosto 10, 2017
Hugo Díaz: un artista enorme y poco difundido
Nació en Santiago del Estero, el 10 de agosto de 1927.
Armonicista de formación intuitiva, cultor de la música de raíz folklórica, del tango y del jazz., tocaba también violín, piano y contrabajo.
Se inició en la Orquesta infantil dirigida por el maestro Lepoldo Bonell, junto a su amigo de la infancia, Domingo Cura, dando sus primeros conciertos en LV 11, radio de su ciudad natal.
Dotado de una sensibilidad y un talento excepcionales, es notable su capacidad de improvisación y de incorporar efectos percusivos en la ejecución de su instrumento, aumentando las posibilidades expresivas del mismo.
Entre las obras de su autoría se destacan Zamba del ángel, con letra de Ariel Petrocelli, No lo hallo (escondido), con Oscar Liza y los instrumentales El perro (gato), Zamba mía y Zamba de los cuatro vientos.
Compartió escenario, compuso y grabó con los músicos y poetas más emblemáticos de la cultura popular como Don Atahualpa Yupanqui, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Los Hermanos Ábalos, Oscar Cardozo Ocampo, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Carlos Carabajal, Jaime Dávalos, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Virgilio Espósito, Ariel Petrocelli, Dino Saluzzi, Mono Pereira, Los Andariegos, Caíto Díaz, Marian Farías Gómez, el Chango Farías Gómez, Enrique Villegas, Leda Valladares, Víctor Heredia y Alberto Cortés entre muchos otros.
Sus interpretaciones fueron coreografiadas por maestros como El Chúcaro, Hugo Jiménez y Ana María Stekelman e incluidas en films nacionales e internacionales como el austríaco Los Falsificadores, Ganadora del Oscar 2007 a la Mejor Película de habla no inglesa cuya banda sonora incluye 6 tangos de su disco Homenaje a Gardel.
Talentoso, intuitivo, elegido
Por Mavi Díaz
Hugo Díaz, mi padre. Hugo Díaz, la armónica del mundo. Con su estilo único y su magia personal, recreó maravillosamente todas y cada una de las melodías que interpretó y demostró que su armónica estaba capacitada para abordar la música de cualquier región del planeta. Andariego de siestas calurosas y fiestero innato de toda reunión de chicos y muchachos de barrio. A los 5 años, un pelotazo en la cara le provocó una ceguera temporal y, en esos momentos, cayó en sus manos su primera armónica. La música fue entonces la luz para sus ojos. Hugo y su armónica establecen una relación infinita, eterna. La pobreza le obligó a transitar sin cansancio las calles pueblerinas, cajón de lustrar en mano, mientras ofrendaba las melodías perfectas de alguna chacarera a los transeúntes. Por las noches, en vez del descanso reparador, su alma inquieta lo empujaba hacia cualquier esquina iluminada donde, con su armónica, descifraba los secretos de cuanta música llegaba a sus oídos. Don Leopoldo Bonell, maestro de banda, posibilitó que aquel chico, con estrella de gran artista, integrara la orquesta infantil que dirigía y, de ahí en adelante, Hugo Díaz empezó a exponer sobre el escenario todo cuanto absorbía su sentido musical, con esa intuición que sólo tienen los elegidos. En el año 1936, con 9 años, debutó junto a su amigo del alma, el percusionista Domingo Cura, en L.V.11, la Radio del Norte. En 1946, ambos músicos emprenden la aventura de viajar a Buenos Aires, de polizones, en un tren de carga. Triunfó con lo suyo, lo que por tradición llevaba en el alma: las chacareras, zambas, gatos y escondidos, que, aprendidos en el pago siendo niño, a través del silbar de sus mayores quedaron registrados en sus primeras grabaciones en discos de pasta. Su grupo, "Hugo Díaz y sus Changos" con Domingo Cura y la voz de Victoria Díaz, su flamante esposa, hermana de Domingo y también su amiga de la infancia, debuta en Radio Splendid en 1952, actuación que quedó registrada en su primer simple "Qué lindo se ha puesto el pago" y "Pájaro Campana", primer éxito para el sello TK, para el cual grabarían más de 60 temas en simples de 78 RPM y dos lp's. Durante los años 50 y 60 llevó el folclore argentino a los escenarios europeos de la mano de sus patrocinadores, la emblemática Casa Hohner, fabricantes de sus armónicas. En Argentina, compartíó escenario, compuso y grabó con los músicos y poetas más importantes de la cultura popular: Atahualpa Yupanqui, Gustavo Leguizamón, Los Hnos. Abalos, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Astor Piazzolla, Eduardo Lagos, Carlos Carabajal, Jaime Dávalos, Mercedes Sosa, Domingo Cura, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Virgilio Expósito, Waldo de los Ríos, Victoria Díaz, Ariel Petrocceli, Dino Saluzzi y muchos otros. La culminación llegó cuando se encaminó por los ritmos del tango y del jazz; esa apertura hizo que recorriera el mundo grabando discos en Asia, Europa y América. Su primer disco de tango fue disco de oro en Japón. Hugo Díaz se fue el 23 de octubre de 1977, cumpliendo su último deseo: "Quiero que la muerte me pille sobre el escenario, haciendo lo que hice siempre, la música del mundo". El último tema que tocó antes de partir fue "La última curda".
Narra Xabier, una anécdota elocuente del gran Hugo Díaz:
Cierta vez, viajando Hugo Díaz junto a Domingo Cura por Alemania, llegan a la ciudad de Frankfort y entran en la casa central de Hohner, tal vez el mejor fabricante de armónicas del mundo. Estaban allí mirando distintos modelos mientras Hugo probaba y tocaba algunos, elogiando su calidad hasta que comenzó a notar que los empleados lo miraban de una manera especial. Hugo Díaz era descendiente de indígenas y le comentó por lo bajo a Domingo que parecía que lo estaban vigilando. Le pidió a su amigo que tomara las armónicas porque tal vez pensarían que él se podía robar alguna. A Cura le parecía exagerado pero también notó la particular mirada y convino que podrían sospechar de la apariencia de su amigo. En un momento, parece que una empleada avisó al gerente y este se apersonó ante ellos. Hugo escuchó que este le pedía si podía acompañarlo.
Bajo la mirada inquisitoria de todos los empleados, siguieron los dos al Gerente, que los llevó a la sala de directorio de la empresa. Para su asombro, en una pared había una gran fotografía mural en la que él, Hugo Díaz, aparecía retratado tocando una armónica que lucía claramente la marca Hohner. El gerente los agasajó y lo presentó a todos como el mejor ejecutante de armónicas del mundo y que la empresa se enorgullecía de que él ejecutara una. Por ello lo miraban curiosos los empleados al reconocer en aquel pequeño hombrecito al mismo de la venerada foto.
Hugo Díaz fue un gran artista pero también era muy bohemio, siendo muy conocido y admirado en su Santiago del Estero natal. Cuando estaba ya muy enfermo y a punto de morirse, los amigos lo llevaron hasta la mesa que solía frecuentar en una confitería céntrica de Buenos Aires. Era casi un vegetal y apenas podía hablar pero en un momento, con un gesto fantasmal, desenvainó una armónica. Nadie creía que fuera capaz de dar un mísero soplido pero cuando se la llevó a los labios pareció volverle el alma al cuerpo y para sorpresa de todos los presentes se puso a tocar. Enseguida se arrimó un guitarrero para acompañarlo y luego otro y ya todo el gran salón se concentró en su música. Parecía un milagro de verdadera resurrección y cuentan que dio uno de los mejores recitales de toda su vida. Cuando los amigos lo dejaron en su hogar, derrochaba vitalidad y se despidieron, asombrados aún, con la promesa de futuros encuentros musiqueros. Hugo Díaz murió en su casa a las pocas horas con la armónica de aquel recital magnífico en sus manos.
Armonicista de formación intuitiva, cultor de la música de raíz folklórica, del tango y del jazz., tocaba también violín, piano y contrabajo.
Se inició en la Orquesta infantil dirigida por el maestro Lepoldo Bonell, junto a su amigo de la infancia, Domingo Cura, dando sus primeros conciertos en LV 11, radio de su ciudad natal.
Dotado de una sensibilidad y un talento excepcionales, es notable su capacidad de improvisación y de incorporar efectos percusivos en la ejecución de su instrumento, aumentando las posibilidades expresivas del mismo.
Entre las obras de su autoría se destacan Zamba del ángel, con letra de Ariel Petrocelli, No lo hallo (escondido), con Oscar Liza y los instrumentales El perro (gato), Zamba mía y Zamba de los cuatro vientos.
Compartió escenario, compuso y grabó con los músicos y poetas más emblemáticos de la cultura popular como Don Atahualpa Yupanqui, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Los Hermanos Ábalos, Oscar Cardozo Ocampo, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Carlos Carabajal, Jaime Dávalos, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Virgilio Espósito, Ariel Petrocelli, Dino Saluzzi, Mono Pereira, Los Andariegos, Caíto Díaz, Marian Farías Gómez, el Chango Farías Gómez, Enrique Villegas, Leda Valladares, Víctor Heredia y Alberto Cortés entre muchos otros.
Sus interpretaciones fueron coreografiadas por maestros como El Chúcaro, Hugo Jiménez y Ana María Stekelman e incluidas en films nacionales e internacionales como el austríaco Los Falsificadores, Ganadora del Oscar 2007 a la Mejor Película de habla no inglesa cuya banda sonora incluye 6 tangos de su disco Homenaje a Gardel.
Talentoso, intuitivo, elegido
Por Mavi Díaz
Hugo Díaz, mi padre. Hugo Díaz, la armónica del mundo. Con su estilo único y su magia personal, recreó maravillosamente todas y cada una de las melodías que interpretó y demostró que su armónica estaba capacitada para abordar la música de cualquier región del planeta. Andariego de siestas calurosas y fiestero innato de toda reunión de chicos y muchachos de barrio. A los 5 años, un pelotazo en la cara le provocó una ceguera temporal y, en esos momentos, cayó en sus manos su primera armónica. La música fue entonces la luz para sus ojos. Hugo y su armónica establecen una relación infinita, eterna. La pobreza le obligó a transitar sin cansancio las calles pueblerinas, cajón de lustrar en mano, mientras ofrendaba las melodías perfectas de alguna chacarera a los transeúntes. Por las noches, en vez del descanso reparador, su alma inquieta lo empujaba hacia cualquier esquina iluminada donde, con su armónica, descifraba los secretos de cuanta música llegaba a sus oídos. Don Leopoldo Bonell, maestro de banda, posibilitó que aquel chico, con estrella de gran artista, integrara la orquesta infantil que dirigía y, de ahí en adelante, Hugo Díaz empezó a exponer sobre el escenario todo cuanto absorbía su sentido musical, con esa intuición que sólo tienen los elegidos. En el año 1936, con 9 años, debutó junto a su amigo del alma, el percusionista Domingo Cura, en L.V.11, la Radio del Norte. En 1946, ambos músicos emprenden la aventura de viajar a Buenos Aires, de polizones, en un tren de carga. Triunfó con lo suyo, lo que por tradición llevaba en el alma: las chacareras, zambas, gatos y escondidos, que, aprendidos en el pago siendo niño, a través del silbar de sus mayores quedaron registrados en sus primeras grabaciones en discos de pasta. Su grupo, "Hugo Díaz y sus Changos" con Domingo Cura y la voz de Victoria Díaz, su flamante esposa, hermana de Domingo y también su amiga de la infancia, debuta en Radio Splendid en 1952, actuación que quedó registrada en su primer simple "Qué lindo se ha puesto el pago" y "Pájaro Campana", primer éxito para el sello TK, para el cual grabarían más de 60 temas en simples de 78 RPM y dos lp's. Durante los años 50 y 60 llevó el folclore argentino a los escenarios europeos de la mano de sus patrocinadores, la emblemática Casa Hohner, fabricantes de sus armónicas. En Argentina, compartíó escenario, compuso y grabó con los músicos y poetas más importantes de la cultura popular: Atahualpa Yupanqui, Gustavo Leguizamón, Los Hnos. Abalos, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Astor Piazzolla, Eduardo Lagos, Carlos Carabajal, Jaime Dávalos, Mercedes Sosa, Domingo Cura, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Virgilio Expósito, Waldo de los Ríos, Victoria Díaz, Ariel Petrocceli, Dino Saluzzi y muchos otros. La culminación llegó cuando se encaminó por los ritmos del tango y del jazz; esa apertura hizo que recorriera el mundo grabando discos en Asia, Europa y América. Su primer disco de tango fue disco de oro en Japón. Hugo Díaz se fue el 23 de octubre de 1977, cumpliendo su último deseo: "Quiero que la muerte me pille sobre el escenario, haciendo lo que hice siempre, la música del mundo". El último tema que tocó antes de partir fue "La última curda".
Narra Xabier, una anécdota elocuente del gran Hugo Díaz:
Cierta vez, viajando Hugo Díaz junto a Domingo Cura por Alemania, llegan a la ciudad de Frankfort y entran en la casa central de Hohner, tal vez el mejor fabricante de armónicas del mundo. Estaban allí mirando distintos modelos mientras Hugo probaba y tocaba algunos, elogiando su calidad hasta que comenzó a notar que los empleados lo miraban de una manera especial. Hugo Díaz era descendiente de indígenas y le comentó por lo bajo a Domingo que parecía que lo estaban vigilando. Le pidió a su amigo que tomara las armónicas porque tal vez pensarían que él se podía robar alguna. A Cura le parecía exagerado pero también notó la particular mirada y convino que podrían sospechar de la apariencia de su amigo. En un momento, parece que una empleada avisó al gerente y este se apersonó ante ellos. Hugo escuchó que este le pedía si podía acompañarlo.
Bajo la mirada inquisitoria de todos los empleados, siguieron los dos al Gerente, que los llevó a la sala de directorio de la empresa. Para su asombro, en una pared había una gran fotografía mural en la que él, Hugo Díaz, aparecía retratado tocando una armónica que lucía claramente la marca Hohner. El gerente los agasajó y lo presentó a todos como el mejor ejecutante de armónicas del mundo y que la empresa se enorgullecía de que él ejecutara una. Por ello lo miraban curiosos los empleados al reconocer en aquel pequeño hombrecito al mismo de la venerada foto.
Hugo Díaz fue un gran artista pero también era muy bohemio, siendo muy conocido y admirado en su Santiago del Estero natal. Cuando estaba ya muy enfermo y a punto de morirse, los amigos lo llevaron hasta la mesa que solía frecuentar en una confitería céntrica de Buenos Aires. Era casi un vegetal y apenas podía hablar pero en un momento, con un gesto fantasmal, desenvainó una armónica. Nadie creía que fuera capaz de dar un mísero soplido pero cuando se la llevó a los labios pareció volverle el alma al cuerpo y para sorpresa de todos los presentes se puso a tocar. Enseguida se arrimó un guitarrero para acompañarlo y luego otro y ya todo el gran salón se concentró en su música. Parecía un milagro de verdadera resurrección y cuentan que dio uno de los mejores recitales de toda su vida. Cuando los amigos lo dejaron en su hogar, derrochaba vitalidad y se despidieron, asombrados aún, con la promesa de futuros encuentros musiqueros. Hugo Díaz murió en su casa a las pocas horas con la armónica de aquel recital magnífico en sus manos.
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domingo, agosto 23, 2015
Daniel Rabinovich, el adiós a un capocómico
El viernes 21 de agosto, tuvo lugar un oscurecimiento repentino durante la mañana criolla, cuando las radios empezaron a comunicar la partida de Daniel Rabinovich, integrante del polifácetico colectivo intitulado “Les Luthiers”.
Cuestión que nubló radios, televisiones, y güeb.
Súbitamente, varios medios, inundaron el éter, con parte de la maravillosa producción de un conjunto que difícilmente se irradie por los medios.
Intentar ensayar la partida de un vero artista en escuetas páginas, es una tarea ímproba. Daniel nos dejó a los 71 años, pero su aporte a Les Luthiers tiene marca registrada.
Supo ser el creativo para rematar situaciones, de un modo inesperado, tal como suele hacer el 10, dentro de un equipo futbolero. Cuestión que no es un don, sino fruto de una profunda comunión dentro del conjunto.
La hermana nación brasilera, supo reinventarse a fines de los 50' ya no desde la política, sino desde el arte, merced a la Bossa Nova, fruto del impulso de artistas, y un acierto marketinero desde grabadoras norteamericanas. La cosa prendió, como en ningún otro punto del orbe y hoy Brasil, es el país con mayor cantidad y calidad de músicos. Simultáneamente, en tierras criollas, esta novedad tuvo fuerte resistencia en los musical, debido al anclaje de ciertos estamentos.
Esto explicaría, en parte, porque Astor Pantaleón tuvo que remar tanto contra la corriente. Tampoco la tuvieron fácil artistas de la talla de Eduardo Lagos, Waldo de los Ríos o Miguel Saravia. Gente que durante los sesenta sembró infinidad de hectáreas de creatividad, a nivel musical.
Les Luthiers, no se colaron a la fama por el factor común que los unía que era la música, porque sus integrantes se conocieron en el coro de la Facultad de Ingeniería de la UBA, sino a través del humor. Terapia inefable, justa y necesaria, para sociedades harto rígidas, como la nostra.
Su nombre completo es/era Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, su mote familiar era Neneco. Su verdadero apellido paterno era Halevy. Su bisabuelo, que llegó a la Argentina desde Besarabia (hoy Moldavia), no había hecho el servicio militar porque era rabino, por lo cual compró el documento de un muerto -de apellido Rabinovich- para poder salir de su país. Detalle que podría pasar inadvertido, pero nos deja vislumbrar un profundo conocimiento de las costumbres judías y criollas, a la hora de concebir chistes inteligentes, sin ofender, respetando costumbres y creencias para los inmigrantes. Riéndose siempre con, y nunca de. Ojalá se expandiera tan noble práctica ..
Vivió su infancia y juventud en el Palacio de los Patos, peculiar complejo porteño de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires.
En aquel “palacio” había varios folcloristas, que lo dejaban asistir a sus reuniones. Allí escuchó cantar a artistas famosos y aprendió a tocar la guitarra.
Su madre había estudiado piano, y su padre, tenía el hábito de cantar y silbar tangos. Desde los 7 hasta los 13 años estudió violín. Tomó clases con Ljerko Spiller, entre otros. A partir de los 14 años, se vinculará a la guitarra, queriendo emular a Ernesto Cabeza, guitarrista de Los Chalchaleros. La relación con el folklore sería eterna, repartiéndose con el jazz y con la música clásica. El rock, bien gracias.
A los dieciocho años, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ingresó al coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes de Les Luthiers, .que verían la luz (como conjunto) en 1967, al fundar Les Luthiers, ¡nombre jugado por cierto!
En 1969 obtuvo el título de escribano público (notario), y lo colgó, literalmente.
En los comienzos del grupo cantaba y tocaba la guitarra y una parodia de violín, así fue ganando protagonismo actoral. Cuestión percibidad por la crítica de arte. Un cronista lo llegó a comparar con Peter Sellers. “Leí esa nota, pero creo que fue una exageración”, dice Rabinovich. “La transformación fue gradual. No tenía ninguna veta humorística previa. De a poco comencé a realizar algunas improvisaciones graciosas, y me salieron bien”.
Ya lo creemos, porque apenas pisaba el escenario Daniel, el público empezaba a reirse, aún cuando no hablara. Su gestualidad era evidente. El mismo se definía como uno de los mas limitados, afirmando que su participación en la escritura, o en la composición musical de Les Luthiers, era escasa.
Su papel, iba in crescendo para articular, darle forma al material, unir la argamasa y agregarle los retoques e improvisaciones.
En tal sentido, creo era adherente a la máxima del maestro Jorge Corneo, “no hay mejor improvisación que una buena preparación”. Y así eran los espectáculos de Les Luthiers, joyas donde el disfrute, era desde el momento en que uno juntaba la plata para comprar la entrada. Porque el público de Les Luthiers, tenía, tiene y tendrá una pasión común: disfrutar del buen humor, cultivar la sutileza e intentar ser mejores personas y sociedades mas alegres.
A título persona, arriesgo, que el rol de sus espectáculos, a lo largo de épocas conflictivas, fueron un sosten para dibujar sonrisas e incitarnos a pensar, desde la difícil realidad argenta, ya no desde temas de actualidad, sino desde libretos escritos con un humor atemporal, con comentarios interpeladores.
Como si esto fuera poco, su incursión por la TV y el cine, fueron escasas, pero memorables, debido al arduo compromiso laboral de Les Luthiers.
Personalmente, creo dio momentos inolvidables a la comedia de Ariel Winograd “Mi primera Boda”, donde descolla junto a Marquitos Mundstock, ejerciendo el rol de rabino, algo que (efectivamente) llevaba en su sangre.
Entendemos que Daniel Rabinovich culminó su misión en la Tierra, y dejó muy buenos frutos.
¡Gracias!
Cuestión que nubló radios, televisiones, y güeb.
Súbitamente, varios medios, inundaron el éter, con parte de la maravillosa producción de un conjunto que difícilmente se irradie por los medios.
Intentar ensayar la partida de un vero artista en escuetas páginas, es una tarea ímproba. Daniel nos dejó a los 71 años, pero su aporte a Les Luthiers tiene marca registrada.
Supo ser el creativo para rematar situaciones, de un modo inesperado, tal como suele hacer el 10, dentro de un equipo futbolero. Cuestión que no es un don, sino fruto de una profunda comunión dentro del conjunto.
La hermana nación brasilera, supo reinventarse a fines de los 50' ya no desde la política, sino desde el arte, merced a la Bossa Nova, fruto del impulso de artistas, y un acierto marketinero desde grabadoras norteamericanas. La cosa prendió, como en ningún otro punto del orbe y hoy Brasil, es el país con mayor cantidad y calidad de músicos. Simultáneamente, en tierras criollas, esta novedad tuvo fuerte resistencia en los musical, debido al anclaje de ciertos estamentos.
Esto explicaría, en parte, porque Astor Pantaleón tuvo que remar tanto contra la corriente. Tampoco la tuvieron fácil artistas de la talla de Eduardo Lagos, Waldo de los Ríos o Miguel Saravia. Gente que durante los sesenta sembró infinidad de hectáreas de creatividad, a nivel musical.
Les Luthiers, no se colaron a la fama por el factor común que los unía que era la música, porque sus integrantes se conocieron en el coro de la Facultad de Ingeniería de la UBA, sino a través del humor. Terapia inefable, justa y necesaria, para sociedades harto rígidas, como la nostra.
Su nombre completo es/era Daniel Abraham Rabinovich Aratuz, su mote familiar era Neneco. Su verdadero apellido paterno era Halevy. Su bisabuelo, que llegó a la Argentina desde Besarabia (hoy Moldavia), no había hecho el servicio militar porque era rabino, por lo cual compró el documento de un muerto -de apellido Rabinovich- para poder salir de su país. Detalle que podría pasar inadvertido, pero nos deja vislumbrar un profundo conocimiento de las costumbres judías y criollas, a la hora de concebir chistes inteligentes, sin ofender, respetando costumbres y creencias para los inmigrantes. Riéndose siempre con, y nunca de. Ojalá se expandiera tan noble práctica ..
Vivió su infancia y juventud en el Palacio de los Patos, peculiar complejo porteño de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires.
En aquel “palacio” había varios folcloristas, que lo dejaban asistir a sus reuniones. Allí escuchó cantar a artistas famosos y aprendió a tocar la guitarra.
Su madre había estudiado piano, y su padre, tenía el hábito de cantar y silbar tangos. Desde los 7 hasta los 13 años estudió violín. Tomó clases con Ljerko Spiller, entre otros. A partir de los 14 años, se vinculará a la guitarra, queriendo emular a Ernesto Cabeza, guitarrista de Los Chalchaleros. La relación con el folklore sería eterna, repartiéndose con el jazz y con la música clásica. El rock, bien gracias.
A los dieciocho años, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ingresó al coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a Gerardo Masana y a los demás futuros integrantes de Les Luthiers, .que verían la luz (como conjunto) en 1967, al fundar Les Luthiers, ¡nombre jugado por cierto!
En 1969 obtuvo el título de escribano público (notario), y lo colgó, literalmente.
En los comienzos del grupo cantaba y tocaba la guitarra y una parodia de violín, así fue ganando protagonismo actoral. Cuestión percibidad por la crítica de arte. Un cronista lo llegó a comparar con Peter Sellers. “Leí esa nota, pero creo que fue una exageración”, dice Rabinovich. “La transformación fue gradual. No tenía ninguna veta humorística previa. De a poco comencé a realizar algunas improvisaciones graciosas, y me salieron bien”.
Ya lo creemos, porque apenas pisaba el escenario Daniel, el público empezaba a reirse, aún cuando no hablara. Su gestualidad era evidente. El mismo se definía como uno de los mas limitados, afirmando que su participación en la escritura, o en la composición musical de Les Luthiers, era escasa.
Su papel, iba in crescendo para articular, darle forma al material, unir la argamasa y agregarle los retoques e improvisaciones.
En tal sentido, creo era adherente a la máxima del maestro Jorge Corneo, “no hay mejor improvisación que una buena preparación”. Y así eran los espectáculos de Les Luthiers, joyas donde el disfrute, era desde el momento en que uno juntaba la plata para comprar la entrada. Porque el público de Les Luthiers, tenía, tiene y tendrá una pasión común: disfrutar del buen humor, cultivar la sutileza e intentar ser mejores personas y sociedades mas alegres.
A título persona, arriesgo, que el rol de sus espectáculos, a lo largo de épocas conflictivas, fueron un sosten para dibujar sonrisas e incitarnos a pensar, desde la difícil realidad argenta, ya no desde temas de actualidad, sino desde libretos escritos con un humor atemporal, con comentarios interpeladores.
Como si esto fuera poco, su incursión por la TV y el cine, fueron escasas, pero memorables, debido al arduo compromiso laboral de Les Luthiers.
Personalmente, creo dio momentos inolvidables a la comedia de Ariel Winograd “Mi primera Boda”, donde descolla junto a Marquitos Mundstock, ejerciendo el rol de rabino, algo que (efectivamente) llevaba en su sangre.
Entendemos que Daniel Rabinovich culminó su misión en la Tierra, y dejó muy buenos frutos.
¡Gracias!
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